Domingo Faustino Sarmiento, ex gobernador de San Juan, Presidente de la Nación y Maestro de América. 

Cada 11 de septiembre no dejo de recordar y admirar a un prohombre, un genio sin igual, un temperamental y obsesivo sanjuanino que logró trascender a través de los tiempos, un hombre que logró cosechar amores y odios por su carácter y esa particular sinceridad de expresar las cosas, Félix Luna lo definía como: "El Magnífico Energúmeno"; el tucumano José Ignacio García Hamilton le decía y tituló una biografía de él como: "El Cuyano Alborotador", o como dijo Ricardo Rojas: "Fue un porteño en las provincias y un provinciano en Buenos Aires", lo cierto es que él era un simple mortal, como todo ser humano con errores y virtudes, como todo genio un obsesivo de la educación primaria que pretendía para sus congéneres ya que él sostenía que "es la educación primaria la que civiliza y desenvuelve la moral de los pueblos. Son las escuelas la base de la civilización" y también decía frases como: "Todos los problemas son problemas de educación", "Hombre, pueblo, Nación, Estado: todo está en los humildes bancos de la escuela".

Su historia de vida

Nació el 15 de febrero de 1811, "un año después del nacimiento de la patria", solía decir; su padre fue Clemente Quiroga Sarmiento, pero este, por alguna razón personal, firmaba como Sarmiento, anotando así a sus hijos; su madre Paula, una mujer amorosa y trabajadora, con rasgos físicos similares a los libaneses, ya que la etimología de su apellido se pronunciaría: "Al Ben Rasín", castellanizado "Albarracín", fue bautizado y así figura en los registros de la iglesia como Faustino Valentín (recordemos que en aquella época no existía el "Registro Civil" y recién en 1884 fue un año clave en la presidencia de Roca: logró un triunfo sobre la Iglesia Católica con la sanción el 25 de octubre de 1884 de la Ley N¦ 1.565 de creación del Registro Civil), el nombre Domingo surge de una tradición familiar que por ser fieles devotos de Santo Domingo, le imponían ese nombre a todos loa primogénitos varones, a tal punto que él tenía un primo que se llamó Domingo Quiroga Sarmiento.

Él se fue a vivir a Paraguay buscando un mejor clima para su deteriorada salud. Su punto débil eran sus pulmones ya que era fumador y no se descarta la presencia de un cuadro de enfermedad pulmonar obstructiva crónica o EPOC, frecuente en fumadores. Hacia julio de 1887, por sugerencia del doctor Lloveras, Sarmiento embarca hacia Asunción del Paraguay. El diagnóstico de un cuadro bronquial y la enfermedad cardíaca hacía que el clima más templado de Paraguay resultara médicamente recomendable. Lo acompañaron su hija Faustina y su nieta María Luisa, quienes lo cuidaban con esmero. Su nieto, Julio, también lo acompañó en este viaje. Al despedirse de Buenos Aires, le dice a su nieto Augusto: "No paso de este año, hijo, me voy a morir", también le dijo, mostrando su "ácida" personalidad: "¡Ah! Si me hicieran Presidente! ¡Les daría el chasco de vivir diez años más!". Al alejarse del puerto se le escuchó decir "Morituri te salutant" (los que van a morir te saludan), el saludo de los gladiadores romanos antes del combate final. A las 2,15 horas de la madrugada del 11 de septiembre de 1888 murió en Asunción, sus restos fueron trasladados a través del río Paraná, llegando a Buenos Aires el 21 de septiembre, fecha coincidente con el inicio estacional de la Primavera, y comenzó a festejarse "El día del estudiante" a partir de 1902, por iniciativa de Salvador Debenedetti, estudiante y presidente del Centro de Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Por supuesto estoy recordando al "Maestro de América" y Presidente Argentino, Domingo Faustino Sarmiento.

Recordar a los maestros

Cada 11 de septiembre mi mente no hace más que transportarme a tiempos pasados, a etapas bellas de mi vida y también a momentos de profundo aprendizaje, educación, instrucción y etapas de juegos y sociabilización. Cada 11 de septiembre no dejo de recordar a mis mentores y formadores de mucho de lo que hoy soy, recordando esa paciencia, amor, cariño y reprimendas, por qué no decirlo también, de ellas, sí, ellas, mis "Señoritas Maestras".

Y con permiso de usted señora/señor lector, también deseo recordar desde el profundo amor y cariño de un hijo agradecido a mis padres, de profesión "Maestros", mi madre, la "Señorita Ada" y mi padre el "Maestro Antonio Alfredo", egresados de las Escuelas Normales de Maestros, ella de Jáchal y él de Chilecito, La Rioja, que supieron educarme y enseñarme todo lo bueno que tengo, ya que los errores son míos solamente. Recordar frases que mi "Madre Maestra" decía refiriéndose a sus educandos, "mis niñitos" o ese respeto (hoy casi perdido) que mi padre infundía en el aula de 4to Grado B del Colegio Don Bosco.

Recordar ese "inmaculado" guardapolvo blanco que ella vestía y ese impecable saco y corbata que él usaba para dar clases. A través de ellos recordar a todas mis "Señoritas Maestras" de mi educación primaria y profesores de ambos sexos de mi educación secundaria, verdaderos ejemplos de trabajadores responsables y que asistían a dar clases con viento zonda o sur, hiciera frío o calor, que asistían también sin importar huelga alguna. Maestros y profesores de una "Educación Pública" que hoy parece olvidada. A todos ellos, formadores y creadores de nuestra esencia, ¡gracias!

 

  • Dos himnos en su honor

Se conocen dos himnos en su honor. El primero fue creado por Segundino Navarro, con música de Francisco Colecchia, mientras que el segundo fue creado por Leopoldo Corretjer. El creado por Navarro es entonado en la provincia de San Juan, mientras que el de Corretjer es escuchado en el resto del país.

 

Por Jorge Reinoso Rivera
Periodista – Historiador