La caída de liquidez de septiembre de 2008 generó una grave crisis en los Estados Unidos y en todo el mundo debido a la decisión de Lehman Brothers de declararse en quiebra. ¿La catástrofe era evitable? Dos años después, las causas de la quiebra y del consiguiente infarto del sistema financiero norteamericano y mundial son bastante claros, aunque hay quienes se interrogan aún, si el gobierno de EEUU, autoridades monetarias y los bancos tenían márgenes para intervenir, impidiendo la caída de uno de los pilares de Wall Street.

Ahora surge con claridad que el fracaso de Lehman, con el sucesivo shock que ha golpeado a los mercados, no sólo produjo un congelamiento del crédito, llevando a poner de rodillas a las economías de todo Occidente, sino que desinfló el llamado "sueño americano”, que por decenios tuvo una realización concreta. Pero en el último cuarto de siglo se transformó en algo pesado: el continuo aumento de las deudas de la gente que, con réditos que no crecían como en otros tiempos, se había refugiado en el crédito para defender su nivel de vida.

Días pasados los jefes de bancos centrales y las autoridades reguladoras de 27 países acordaron endurecer las normas de solvencia bancaria con el fin de mejorar la solidez del sistema financiero. Las nuevas reglas, que exigen de la banca guardar más capital para hacer frente a las turbulencias como las de la reciente crisis financiera, deberán ser discutidas y aprobadas durante la cumbre de jefes de Estado y Gobierno del G-20, que se celebrará en Corea del Sur en noviembre próximo. El punto principal del acuerdo obliga a los bancos a mantener un "Nivel 1”, es decir un ratio que mide la fortaleza de las entidades financieras basándose en su capital básico: acciones ordinarias y utilidades no distribuidas. Además, el paquete de medidas insta a los bancos a mantener un mínimo de acciones ordinarias del 4,5%, frente al 2% anterior, al que habrá que sumar otro 2,5% de amortiguación durante los períodos de bonanza económica que sirva de elemento contracíclico en momentos de crisis o recesión económica.

El sector económico no es ni éticamente neutro ni inhumano o antisocial por naturaleza. Es una actividad del hombre y, precisamente porque es humana, debe ser articulada e institucionalizada éticamente a nivel global.