Esta semana ocurrieron dos hechos que avergüenzan, una vez más, en un país que parece haber perdido la capacidad de asombro: el vicepresidente Amado Boudou debió abandonar su responsabilidad de presidir una sesión del Senado a pedido de la oposición y, dicen, en coincidencia con el oficialismo. Y el mismo actor, procesado por intentar quedarse con una empresa cuya única función es la de imprimir billetes, por si alguien olvidó, estuvo al frente, nada más y nada menos, de los actos conmemorativos de la Independencia del país. Y no es que no importe si es inocente o no, porque todavía quedan instancias judiciales y a Boudou le resta tiempo para demostrar la inocencia que dice tener. El problema es cuidar las instituciones, que es lo que prometió Cristina Fernández de Kirchner en su última campaña, cuando la gente la volvió a elegir para comandar institucionalmente el país. Y ojo porque a todos los kirchneristas les cuesta manejar la defensa de Boudou: al senador Ruperto Godoy ayer hubo que acribillarlo a preguntas para extraerle un "le creo a Boudou". Y el gobernador José Luis Gioja, como el resto de los mandatarios peronistas, salieron a decir varias veces hace algunas semanas que hay que dejar a la Justicia trabajar, pero nada más. Ningún Gobernador lloró por la "injusticia" del Vice. Después de esas declaraciones, silencio de radio. Gracias a Dios está el Mundial que logró distraer la atención de los medios y, en definitiva, de la gente. Al fin y al cabo a la Presidenta la está salvando de más golpes otro kirchnerista: Alejandro Sabella, el DT que en alguna entrevista se declaró a favor de este Gobierno y sus políticas en general. Paradojas de un momento muy duro.
El jueves de esta semana, el Senado debía tratar y aprobar un proyecto de ley que le da inmunidad a los depósitos de los bancos centrales de países extranjeros. La urgencia evidenciada por el oficialismo para aprobar la norma estuvo fundada en la necesidad de contar con la ley sancionada antes que llegue al país la próxima semana el presidente de China, ya que obedece a un pedido formulado por ese país. Para dar quórum, la oposición pidió que el encuentro no estuviese presidido por el Vicepresidente. Los senadores de UNEN dijeron que se levantarían de sus bancas si Boudou quedaba a cargo de la sesión, mientras que los radicales anticiparon que le reclamarían en su cara al Vice que se tome licencia. El oficialismo, explicó luego el jefe de bancada Miguel Pichetto, accedió debido a la importancia de la norma. Primera vergüenza. Los hombres de Cristina debieron esconder al Vice para lograr obtener una ley. Será mayúsculo, entonces, el trabajo político a realizar en la Cámara Alta, porque parecería que los bloques opositores, al menos el de la UCR, ya han anticipado que harán lo mismo en todas las sesiones. En el oficialismo dicen que hacer que el Vicepresidente pida licencia sería como enterrar la legitimidad de la defensa judicial del funcionario. Ese pensamiento tiene su nivel de razonamiento, siempre y cuándo se piense sólo en la persona y no en la institución que representa ni en las responsabilidades que le impone el sitio que momentáneamente ocupa.
La otra vergüenza ocurrió en Tucumán en los festejos por el Día de la Independencia, y no fue sólo de los argentinos comunes: el gesto de Florencio Randazzo, ministro del Interior y precandidato a Presidente, fue contundente. Casi no quiso saludar a Boudou y fue el Vicepresidente quien debió gritarle para que le preste atención. Los videos difundidos por canales y diarios son casi testimoniales. Se nota en los rumores de pasillo y en las charlas con funcionarios de llegada nacional incluso sanjuaninos, que el procesamiento y los pasos políticos siguientes del oficialismo con el caso Boudou han causado su impacto, incluso en los hombres K. Sorprendió ayer Godoy, el senador sanjuanino, quien en una entrevista en Radio Sarmiento soltó un tibio "hay que creerle a Boudou, yo le creo", luego de varias repreguntas. Godoy ha sido uno de los más acérrimos defensores del modelo y se ha expuesto cada vez que ha podido, salvo ésta vez.
En definitiva, si el oficialismo no se despierta rápido, habrá perdido al final de este camino mucho capital político. La inocencia de Boudou en términos políticos ya no interesa, porque el público lo condenó e, íntimamente, sus "compañeros" también. Habrá que ver cómo hace Cristina Fernández para zafar de este durísimo trance, una vez que el Mundial termine y ya no lo tenga a Sabella para que levante el ánimo de los argentinos.
