
Muchas veces hemos escuchado decir que el nombre del general Nazario Benavídez merece ser impuesto a una calle céntrica de la Capital. Y hasta se llegó a precisar que la arteria elegida debería ser la actual General Mariano Acha, a quien venció tras dos batallas que ambos disputaron en estas tierras representando a unitarios (Acha) y federales (Benavídez). En este mes, cuando se cumplen 220 años del nacimiento Benavídez (1802-1858), el hombre que más años gobernó San Juan (1836-1855), y elegido en cuatro oportunidades por la Junta de Representantes del Pueblo (hoy Legislatura Provincial), desde el Concejo Deliberante de la Municipalidad de la Capital y con el apoyo del gobierno municipal del intendente Emilio Baistrocchi, se buscará reconocer, por primera vez, de manera popular y con un monumento, la figura del progresista ex mandatario provincial.
De las reuniones preparatorias participan los concejales Mirtha Ormeño, Fabián Juárez, Jorge Godoy y el presidente Ariel Palma, junto a historiadores como la Dra. Susana Clavel, académica de número por San Juan de la Academia Nacional de la Historia, y el destacado profesor y escritor Daniel Arias.
El Museo "Enzo Manzini", de Zonda, exhibe retratos y elementos que pertenecieron al General Nazario Benavídez.
Las batallas más sangrientas de las Provincias Unidas
La historia cuenta que fue el 16 de agosto de 1841 cuando las tropas de los citados jefes militares se enfrentaron en tierras del hoy departamento Angaco, en la llamada batalla de Punta del Monte (luego de Angaco), donde venció Acha acompañado por otro militar, el general Gregorio Aráoz de Lamadrid, y nuevamente dos días después, el 18 de agosto, en la zona del actual ejido capitalino, límite con Rawson, denominada La Chacarilla donde se impuso definitivamente Benavídez, junto al militar José Félix Aldao, antes fraile dominico. Ambas batallas están consideradas como las más sangrientas en las entonces Provincias Unidas. Pero Benavídez quedó grabado en la historia de los sanjuaninos como el gobernante pacífico y hasta conciliador con sus enemigos locales, que más tiempo ejerció el poder de la provincia. Además, muy lejos de la violencia institucional que caracterizaba en el "plano nacional" el gobierno de Juan Manuel de Rosas, entre 1829-1832 y posteriormente con la suma del poder público desde 1835 a 1852. Por ello, y por tal bonhomía, como es sabido, se lo conocía a Benavídez como "el caudillo manso".
Según Carmen Peñaloza de Varese y Héctor Domingo Arias en su "Historia de San Juan", Benavídez nació en el Pueblo Viejo de Concepción. De agricultor y arriero pasó a la carrera militar donde destacó desde un comienzo y ante los ojos del caudillo Facundo Quiroga.
El 25 de febrero de 1836, la Junta de Representantes del Pueblo que había sido creada en 1821, lo eligió gobernador interino, con 33 años de edad, y su mandato se prolongó hasta 1855. Se trató de cuatro periodos distintos, primero con Rosas y finalmente con Justo José de Urquiza.
No era fácil gobernar entonces la provincia, quizá por eso al jurar su cargo se recuerda que Benavídez dijo: "Sanjuaninos pacíficos y virtuosos, descansad en la protección de un gobierno paternal que sólo será implacable con los unitarios perturbadores del orden y el perverso infractor de la ley".
Regreso de exiliados
Una de las primeras medidas de Benavídez fue permitir el regreso de exiliados en Chile, entre los que figuraban Domingo F. Sarmiento, Antonino Aberastain y Anselmo Rojo (militar sanjuanino, hijo del diputado unitario por San Juan, Tadeo Rojo), aunque no coincidían políticamente con él. No sólo le permitió a Sarmiento la publicación del El Zonda (hasta que Rosas dijo basta), sino que nombró a Aberastain "juez supremo" y apoyó abiertamente la explotación cuidada de la minería. A tal punto que creó el "Manual Reglamentario sobre el trabajo en minas". A su vez, reabrió la Escuela de Primeras Letras del Estado, aunque no podía dotarla de muchos recursos. Además, fundó la Sociedad Filarmónica, entidad que promovía la difusión de la música sobre todo europea del momento.
Así el incremento de las actividades culturales incluyó la acción de los románticos de la Generación del ’37, que se consideraban "hijos" de la Revolución de Mayo y conformada mayoritariamente por unitarios.
El fallecimiento de Benavídez fue muy cruento, y a pesar de que se atribuyen a Sarmiento versiones sobre su influencia en esa muerte, el autor de Facundo dijo de él: "Benavídez es un hombre frío; a eso debe San Juan haber sido menos ajado que los otros pueblos. Tiene un excelente corazón, es tolerante, la envidia hace poca mella en su espíritu, es paciente y tenaz".
Por Luis Eduardo Meglioli
Periodista
