En Chile, Colombia y Ecuador, países que han tenido crecimiento económico, la gente salió a las calles por la desigualdad imperante.

Por Patricia Janiot 
Periodista. Presentadora y corresponsal senior de Univisión. Presidenta de la organización Colombianitos.
The Washington Post

El año que acaba de terminar, 2019, será recordado como el año en que la inconformidad y la frustración hacia los gobiernos se transformaron en reclamos sociales e hicieron que los ciudadanos tomaran las calles de algunas de las principales ciudades de América Latina.

Algunas de estas manifestaciones lograron torcerle el brazo a sus gobernantes, quienes ofrecieron diálogo y cambios. Pero las soluciones a los grandes problemas del continente no son simples, fáciles, ni rápidas como muchos esperarían. Se requiere de liderazgos políticos, un manejo responsable de la economía, sacrificios de los sectores más productivos y amplios consensos de la sociedad.

Las protestas en los países vinieron por temas distintos que, al final, confluyen en autoritarismo, desigualdad y corrupción. Por ejemplo en Honduras, Nicaragua , Venezuela y Bolivia, los ciudadanos se hicieron sentir una y otra vez para protestar principalmente contra los fraudes electorales y la violación de sus derechos humanos.

En Bolivia, parte de la población logró su cometido: la salida del poder de Evo Morales y una nueva convocatoria a elecciones transparentes.

Mientras tanto, la Venezuela democrática aún espera un escenario similar para acabar con la dictadura de Nicolás Maduro. El impulso que al comienzo del año tuvo el presidente interino, Juan Guaidó, se fue desvaneciendo ante la falta de resultados. A pesar de las severas sanciones internacionales, no se ha logrado que el régimen le dé paso a elecciones libres y transparentes.

La región nos tenía acostumbrados a protestas que pedían garantías democráticas y rechazaban el abuso de poder de los regímenes de izquierda. Sin embargo, en la segunda mitad del año, nos sorprendió un estallido social en países gobernados por el centro o la derecha, que también dejó decenas de víctimas, entre muertos y heridos, y multimillonarias pérdidas.

Por ejemplo en Chile, Colombia y Ecuador, países que han tenido crecimiento económico, la gente salió a las calles a manifestar su malestar debido a los rezagos sociales que han ido acumulándose durante décadas. La realidad para millones de ciudadanos es contundente: viven en una economía muy precaria.

América Latina es la región del mundo que menos crecerá económicamente este año. De acuerdo al Fondo Monetario Internacional, el promedio de crecimiento del Producto Interno Bruto (PBI) de la región será de un ínfimo 0,2%. El año pasado fue de apenas 1%. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) señala que el período 2014-2020 es el de menor crecimiento para las economías de América Latina y el Caribe en las últimas siete décadas.

Con la falta de crecimiento, también aumentó la pobreza. La CEPAL establece que este año pasará del 30,1% a 30,8%, y la pobreza extrema de 10,7% a 11,5%. Al cierre de 2019. tendremos 72 millones de latinoamericanos viviendo en la pobreza extrema.

Estas cifras nos llevan a otra realidad: Latinoamérica es la región más desigual del mundo. La CEPAL dice que 76% de la población de América Latina pertenece a estratos de ingresos bajos o medios-bajos, y las personas que viven en estratos de ingresos altos son 3%.

Como vemos, hay razones de sobra para protestar.