A la mirada oficialista ocurrieron varios hechos negativos la semana que pasó. Algunos involucraban al Ejecutivo provincial y otros fueron cayendo como regalos de Capital Federal. Ninguno fue aprovechado por los opositores locales. Mauricio Ibarra hace grandes intentos, pero sin foco. Roberto Basualdo sigue con sus ambivalencias y el resto, desaparecidos. Esto es, nada más y nada menos, que una antigua alarma que sigue sonando, pero que nadie escucha. Una ayudita para los que no comulgan con el oficialismo: una encuesta que llegó a manos de algunos funcionarios dice que los problemas que aquejan a los sanjuaninos son la inseguridad, el desempleo, la vivienda y la pobreza. En ese orden. Material hay, sólo hace falta que dejen de dormir la siesta.

Un ministro del Poder Ejecutivo fue denunciado por abuso y la Justicia mandó a archivo el caso. Si bien el Gobierno consideró el caso -equivocadamente- de instancia privada y se sometió a una resolución judicial, se trata de un funcionario de muy alto rango, por tanto, con ética o sin ella, el hecho era aprovechable políticamente ciento por ciento. No sólo no lo aprovecharon, si no que luego de una charla, algunos legisladores de la oposición decidieron no redactar un pedido de informes al Ejecutivo. Es decir, tuvieron la intención, pero algo pasó que no hicieron nada. Era seguro que el intento no prosperaba, ya que el oficialismo cuenta con una abrumadora mayoría, pero al menos se hubiese logrado estar en la opinión pública, en sintonía con lo que comenta el sanjuanino, algo que, evidentemente, les cuesta medir. Claro, si es que les interesa hablar de lo que comenta la gente. O tal vez la comodidad de los sillones de la Legislatura los aburguesó y prefieren el status quo. Lo paradójico es que al desmodorrarse suelen acusar a los medios de su falta de protagonismo.

El jueves en la noche, según datos de la Policía de San Juan, unas 60 personas se manifestaron en la Plaza 25 de Mayo en contra de unos 10 ítems, entre ellos el dólar. Hicieron una rápida convocatoria vía redes sociales que tuvo escaso éxito, es verdad, pero que asoma como un incipiente foco de preocupación. Nadie de la oposición estuvo en esas filas. Nadie se arrimó a hablar con la gente para ponerse a disposición de esas preocupaciones. Ni siquiera con una solución, pero al menos con un oído, que ya es bastante. Esas personas volverán a reunirse la semana que viene. Es probable que los opositores se despierten y concurran. Pero es más probable que no.

Una encuesta que llegó a los escritorios de algunos funcionarios esta semana, dice que a la gente de San Juan hay 4 cosas que le preocupan fuertemente: la inseguridad (35,1%), el desempleo (15,1%), la vivienda (12,4%) y la pobreza (6,8%). Más abajo siguen: salud, educación, deterioro ambiental, corrupción, drogadicción y violencia. Como punto aparte hay que decir que es evidente, según los números de este sondeo, que el Gobierno provincial ha logrado sacar de la cabeza de los sanjuaninos -si es que en algún momento estuvo- el debate ambiental/minero. Y que el desempleo, que está haciendo estragos en casi todo el mundo y también en algunos conglomerados argentinos, tampoco es tema de preocupación. Ojo, estos números varían fuertemente según el día. Es probable que al momento de haberse redactado esta columna la realidad era esa, y al momento de leerla, cambie drásticamente. Sirve sólo de referencia. Y es un Norte también para los opositores, que evidentemente no encuentran nada de qué ocuparse.

La pelea Juan Carlos Gioja-Mauricio Ibarra fue reeditada también esta semana luego de un error político del intendente de Rawson. Y es que denunció a Ibarra en la Justicia por no haber hecho aportes de un plan nacional de empleo por el que nadie, ni siquiera el Gobierno nacional, hace aportes. La denuncia motivó una respuesta del ibarrismo en el mismo nivel. Y ambos -Ibarra y Gioja- se trenzaron en un cruce mediático sin precedentes. ¿Hacía falta que Juan Carlos hablara del tema? No. Con Ibarra en un limbo, el hecho de volver a hablar de él, viene al dedillo del actual diputado nacional. "Pude haberme equivocado", dijo Juan Carlos Gioja ayer en Radio Colón. Efectivamente, se equivocó.

A razón de justicia, con ayuda o no de los errores del adversario, Mauricio Ibarra es el único que tiene por costumbre oponerse a ciertas cosas y alzar la voz con críticas. Desnaturalizado por sus últimas ambivalencias -criticó al Gobierno nacional y luego pidió apoyarlo, todo en un año-, Ibarra es el único dirigente opositor que se anima. También es el más apurado: el año que viene vence su mandato y corre con la urgencia de no desaparecer de la opinión pública.

Roberto Basualdo: ya lo había anticipado a DIARIO DE CUYO: "Basualdo, más cerca de un sí". La nota, publicada el 27 de mayo, hace referencia a la aprobación o no de Daniel Reposo como procurador general de la Nación, designación que el oficialismo está peleando voto a voto en el Congreso de la Nación: "Estuve trabajando con mis asesores y sobre este tema no hay lugar a ninguna duda. La Constitución Nacional es clara: el Presidente es quien designa al procurador general de la Nación y el Senado sólo presta acuerdo a esa designación. Nosotros no elegimos nada, debemos controlar que se cumpla con los requisitos legales como que el postulante sea abogado con 8 años ejerciendo el cargo, etc. Si lo cumple, no tengo por qué negarle mi voto", dijo Basualdo. Un sí más que un no. Eso, para cualquier mortal, más allá de la bien intencionada idea del senador de "privilegiar lo bueno y criticar lo malo", trae a dobles lecturas y a ambivalencias que no quedan claras para el votante común, ese que no está todos los días con la sección política del diario en sus retinas.

Del resto nadie se acuerda: Miguel Arancibia, del Grupo 1852, abogado de la mujer que denunció a Saavedra y que luego se avino a un acuerdo, pero casi sin actividad política. Rodolfo Colombo, el líder de Actuar, tiene más elecciones perdidas que ganadas. La UCR va a tener que trabajar mucho para levantar la imagen de un candidato que ni siquiera tiene. Y no hay más. Pero, lo peor de todo, es que a ninguno de ellos parece importarle.