Dos hechos periodísticos importantes ocurrieron en el lapso de diez días, de lo que habló todo San Juan: primero, la guía para docentes donde no se habla de Domingo Faustino Sarmiento como el "Maestro de América", título que sí le otorga el Gobierno nacional a Justo Sierra, un mexicano que juntó laureles, no hay que negarlo, aunque no tantos como el sanjuanino. Y el segundo lo protagonizó el ministro de Salud Pública, Oscar Balverdi, hace 8 días. El funcionario le pegó hasta por detrás de los dientes a su par nacional Daniel Gollán. Dijo, entre otras cosas, que ya no hay comunicación entre esa cartera nacional y la provincial. Y acusó a los funcionarios que rodean a Gollán de soberbios. Tremendo. No hay registros recientes de semejante postura, mucho menos con un José Luis Gioja que siempre ha actuado como una especie de "custodio de las buenas relaciones con la Nación". ¿Qué tiene que ver Sarmiento con Balverdi? Ambos hechos periodísticos provocaron que el Gobierno de San Juan, su conducción política, se parara de manera distinta a la acostumbrada. Gioja y Sergio Uñac salieron a defender a Sarmiento y no les importó nada más que eso. Y nadie, al menos que este cronista se haya enterado, salió a reprender al titular de Salud de la provincia por sus dichos, lo que en la práctica significa apoyo. Si hay un cambio de actitud de la Provincia hacia la Nación, bien vale la pena resaltarlo. Si no, es difícil explicar las reacciones a estas acciones.

Don Domingo

Hay y hubo polémicas estúpidas en este país: si Boca o River tienen más hinchada; si Carlos Gardel era uruguayo o argentino; si era mejor la música de Los Redonditos de Ricota o la de Soda Stereo; si nadie votó a Carlos Menem, ¿por qué fue presidente dos veces seguidas?; si Tevez y Messi deben o pueden jugar juntos, una especie de remake de cuando polemizábamos acerca de si Crespo y Batistuta debían o no jugar juntos; si la estatua de Colón debe estar o no frente a la Casa Rosada; etc. No contentos los argentinos con esas discusiones, ahora al Ministerio de Educación de la Nación se le ocurrió abrir otra mucho más original: si Sarmiento es o no el "Maestro de América", superando todas aquéllas, lo que indica claramente que los argentinos tenemos una cierta capacidad para renovar con éxito estos enfrentamientos sin sentido. En torno a esto y de verdad con el más amplio sentido de la esperanza, espero que Alberto Sileoni, el ministro de Educación de la Nación, sepa que a Sarmiento le otorgaron ese título dos declaraciones, una en el Congreso de Ministros y Directores de Educación de Todos los Países Lationamericanos, que se hizo en Panamá en 1943, que resolvió designar el 11 de septiembre como Día del Maestro en toda Latinoamérica en homenaje "al paso a la inmortalidad del glorioso argentino, maestro de maestros, insigne ciudadano de América", según el acta. Y también el 8 de septiembre de 1964 la Asamblea Mundial de la Educación, que se hizo en México paradójicamente, le rindió otro homenaje a Sarmiento y lo declaró "Maestro Universal de la Educación del Pueblo", por resolución unánime, según los registros. No hay mucho que debatir si es que se conoce la historia, aunque hay una curiosidad y es probable que al lector le resulte interesante descubrirla: si se coloca en el buscador Google "Domingo Faustino Sarmiento", descubrirá que la enciclopedia libre Wikipedia no le da el título de "Maestro de América" al sanjuanino. Pero si se coloca Justo Sierra, el mexicano sí aparece con esa denominación en el mismo sitio. ¿Será que se guiaron por esta fuente? Nunca se sabrá. Ojalá que sólo sea una exageración mía.

Al margen del escándalo que se armó, es increíble que el Gobierno nacional proponga una discusión de semejante obviedad. Pero es más de lo que viene ocurriendo: el viernes fue 11 de septiembre, Día del Maestro, y no hubo tuit, no hubo acto de reconocimiento ni tampoco se resaltó ninguna frase respecto de la vida del prócer argentino, de parte de ningún alto funcionario del Gobierno nacional. La nada misma. Es de esperar, porque a veces las coyunturas lo demandan de esa forma, que a veces los gobiernos nieguen las realidades. Aunque no es la mejor, y quizás sea la peor, es una forma de pararse frente a las críticas. Es una manera de intentar dar pelea política y no sólo se usa en este país, se hace en muchos más. Pero hay que admitir que salir a negar la historia, es al menos innovador de parte de este Gobierno. El revisionismo caprichoso que propone la gestión nacional es cuando menos llamativo. No les pasa sólo con Sarmiento, también en cierta forma con San Martín y otros. Hace poco el periodista y escritor Sergio Bufano escribió una nota de opinión titulada "Sarmiento buitre, Rivadavia ladrón". En ella tocó un punto que hasta ese momento no se había resaltado de manera importante. Con esta forma de enseñar, ¿qué historia van a tener en sus cabezas nuestros niños el día de mañana?

Balverdi

Lo del Ministro de Salud de la provincia no tiene precedentes. No es que este funcionario haya sido el único que ha tenido problemas con la gestión nacional, los han tenido todos, pero ninguno había salido a decirlo con la franqueza de Balverdi. Gioja después bajó la pelota, como es razonable que ocurra, y cerró los caminos a más problemas al decir que no había pasado nada. Más o menos el mismo tono usó el vice Sergio Uñac en una entrevista en Radio Sarmiento. Más allá de esas posturas, más de un funcionario cuando vio las declaraciones se sintió representado. Es que son doce años de la misma situación y muchos parecen estar cansados de la soberbia que sufren cada vez que van a Buenos Aires a golpear alguna puerta. Ojo, porque la postura que está tomando Gioja respecto de estos cruces parece ser la misma que está ocurriendo en otra provincias, donde cada vez se nota más que los funcionarios y los dirigentes del peronismo se están animando a despegarse del kirchnerismo más puro.