Trump dice que estas medidas ayudarían a ‘hacer grande a Estados Unidos de nuevo”. Pero la mayoría de los economistas coinciden en que haría subir el precio de varios productos para el estadounidense promedio desde los automóviles hasta la lechuga en el supermercado y acabaría con más puestos de trabajo estadounidenses de los que ayudaría a crear.
Construir un muro fronterizo es un proyecto de dudosa necesidad en un momento en que, según la Oficina del Censo de EEUU, la migración de indocumentados de México se ha reducido drásticamente desde 2008. Asumiendo que el muro de Trump va a costar ‘sólo” U$S 8.000 millones, como él dice, es probable que sea un desperdicio de dinero: más del 40% de los indocumentados no entran a EEUU por la frontera, sino que vienen en avión con visas de turista y se quedan una vez que estas expiran.
Trump dice que va obligar a México a pagar por el muro imponiendo un impuesto del 35% a las importaciones de autos mexicanos. Cuando le preguntaron durante el debate republicano del 25 de febrero si estaba dispuesto a iniciar una guerra comercial con México, Trump respondió: ‘Bueno, no me importan las guerras comerciales cuando ya estamos perdiendo U$S 58.000 millones al año”.
Si Trump le impone una tasa aduanera del 35%, un Ford Fusion fabricado en México que ahora se vende en EEUU en unos U$S 24.000 pasaría a costar más de U$S 32.000. Suena muy valiente, pero se basa en una estadística engañosa. Oculta el hecho de que alrededor del 40% del contenido de las exportaciones de México son de origen estadounidense. En otras palabras, los automóviles que México exporta a EEUU son ensamblados en México con una buena parte de componentes estadounidenses.
La tasa del 35% también haría que los autos estadounidenses fueran demasiado caros para competir con los japoneses en otros mercados. En lugar de hacer a EEUU grande de nuevo, Trump haría a Japón grande de nuevo. Además, si Trump impusiera un arancel del 35%, México subiría sus tarifas de importación a los productos estadounidenses. Eso perjudicaría enormemente a los exportadores estadounidenses, ya que México es su segundo mercado de exportación más grande del mundo, después de Canadá. El año pasado, México importó U$S 236.000 millones en productos de EEUU, más que China, Japón y Alemania juntos. Una guerra comercial con México podría costar seis millones de puestos de trabajo en EEUU.
Por último, la deportación de los casi 11 millones de inmigrantes indocumentados no sólo separaría a millones de familias y convertiría a Estados Unidos en un estado policíaco como China o Cuba, sino que también aumentaría el precio de la construcción, la agricultura y otras industrias que usan mano de obra mexicana.
