Leyendo en la Sección Opinión de este diario cartas publicadas por Carlos Buscemi y María Antonia Díaz, tituladas "Permanentes atentados al pudor” y "El Rol de la Familia”, respectivamente, a lo que le sumamos el tema en vigencia de "la violencia”, me lleva a pensar dónde podemos ver el principio de la conducta social en la actualidad, con una fuerte actitud individualista.

Siempre hubo robos, riñas, y uso de armas, pero no con las características de la actualidad, con una violencia tan absurda como irracional. Evidentemente esto hace que el temor por la inseguridad crezca día a día.

Debo aclarar que escribo ésto en condición de ser una simple ciudadana que escucha o lee a diario crónicas, que son acciones ya comunes a las que nos estamos acostumbrando, que en definitiva son sinónimos de violencia, como el oportunismo, la falta de respeto, el disgusto por la reacción de algunas personas ante el reclamo por no cumplir con ordenanzas, y que si uno fuera a protestar para denunciarlas seguro que no solucionaría nada.

Pero esas acciones que se dan casi a diario, sumadas a otros hechos y confrontadas con un violento generan respuestas fuertes, transformándose en los resultados que estamos palpando día a día.

En éstas acciones diarias, podríamos llamar "inocentes” a algunas, como pintarrajear un frente, sumando indignación al frentista, o el no cumplir con ordenanzas públicas o sociales como lo hacen algunos adultos o responsable debe hacerlo. Ante ésto, uno se pregunta lo que ya es un tema común: ¿Qué nos está pasando?

¿Es la mirada indiferente del gobierno a todo esto? ¿es la familia, que no está presente cómo antes lo estaba, para recibir al hijo cuando llegaba de la escuela y preguntarle cómo te fue, o lo acompañaba al deporte, lo llevaba y lo traía de cualquier otra actividad y conocía a sus amigos?¿es la escuela que ha perdido su fundamento más allá de enseñar a sumar y leer?, o en definitiva ¿es la sociedad toda de un país que creíamos organizado con Constitución y con leyes vigentes desde hace más de 200 años?

No responsabilizo a nadie en particular, es la suma de todos y cada uno de nosotros, y lo que no puede hacer el padre, debería pedir ayuda a la escuela. La escuela debe cumplir con la función formadora complementando al padre, como era una costumbre "antes”, el padre da penitencia, la escuela sanciona y el gobierno no debe mirar con indiferencia lo que ocurre, dejando a otros la responsabilidad.

El Estado debe hacer su propio examen de conciencia cívica, con humildad y sentarse en la mesa con todos y escuchar, ya que es quien manda, ordena, posee poder para hacer cumplir las leyes y cuidar el orden.

Volviendo con lo escrito por Buscemi sobre el pudor, debemos consignar que los medios de comunicación suman responsabilidades, con publicidad extremas y desubicadas. Los programas son violentos, hay peleas, discusiones vanas y permanentes entre conductores, que se discurren por los medios orales, televisivos e impresos. Las novelas y series con demasiada violencia, con vocabularios no acordes con un leguaje bien hablado, teniendo en cuenta que los medios son transmisores de cultura y que también educan.

Respecto del rol de los padres, que en ocasiones desconocen lo que hacen sus hijos, relataré la siguiente experiencia personal: Hace un tiempo salí con mi esposo de cenar de un restaurant, en pleno centro, alrededor de las 22.30, y pasamos por un lugar donde había tres niños, no se si eran hermanos, primos o amigos, de entre 8 y 10 años. Al vernos que nos acercábamos se distribuyeron por distintos sectores de la vereda y simulando tener armas simularon un asalto diciéndonos "manos arriba, esto es un asalto”. Afortunadamente solo se trataba de un juego, pero dónde aprendieron los chicos a jugar de esta forma? Antes se jugaba a los cowboy, pero no simulando un asalto a personas ajenas al juego. Sin duda, estaban recreando lo que se ve todos los días por TV, en vivo y en directo.

Dejo ésto para los padres. Mirémonos los unos a los otros, y no juguemos a la responsabilidad con el viejo juego "quién tiene el gran bonete”, antiguo, pero aún vigente.

(*) Licenciada en Turismo.