La cultura argentina alberga a uno de los más profundos escritores del mundo: Jorge Luis Borges (1899-1986).

 

Lejos de una visión esencialista del concepto de lectura, podemos pensar el acto de leer en un sentido amplio. Leemos aunque no lo sepamos, consciente o inconscientemente estamos leyendo a nuestros escritores, a nuestros escultores y pintores, a nuestros actores; apreciamos la música, la danza, la arquitectura. Todas las artes son parte ineludible de nuestra cultura. No necesariamente de una cultura letrada o de élites académicas, sino de la cultura humana en su pluralidad, que es sin dudas nuestro mayor patrimonio.

En nuestro caso, la cultura argentina alberga a uno de los más profundos escritores del mundo: Jorge Luis Borges (1899-1986) cuyo 35º aniversario de fallecimiento conmemoramos el 14 de junio de este año. Mucho se ha dicho sobre cierto intelectualismo y erudición de sus textos; en el sentido de que fueran "para unos pocos conocedores de las letras universales". Ciertamente su mirada fue universalista pero también fue local, territorializada, arraigada a nuestra historia como Nación y dialógica con la literatura del país.

Así como escribió sobre la Cábala Judía o sobre El Quijote de la Mancha, así como celebró la poesía japonesa y la literatura anglosajona, así también realizó una enorme producción sobre el gaucho, sobre los compadritos porteños, sobre la pampa y su querida Buenos Aires: "A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: / La juzgo tan eterna como el agua y el aire" (poema Fundación mítica de Buenos Aires, en Fervor de Buenos Aires, 1923). No obstante, una Buenos Aires sufrida y contradictoria: "No nos une el amor sino el espanto / Será por eso que la quiero tanto" (poema Buenos Aires, en El otro, el mismo, 1955).

En el recuerdo de las dos visitas del escritor a San Juan (1981 y 1984) circulan relatos casi míticos de un Borges que, estando ya ciego, pidió ir a la Plaza 25 de Mayo donde pasó horas sentado en un banco frente a la fuente. Hay quienes dicen que solicitó sacarse los zapatos para sentir el agua en sus pies. Momento único donde el hombre, más allá de su traje de célebre escritor, se conecta cuerpo a cuerpo con la tierra que está visitando.

Es que Borges sabía de territorialidades y supraterritorialidades: "Por eso no es injusto que la desobediencia en un jardín contamine al género humano, por eso no es injusto que la crucifixión de un solo judío baste para salvarlo. Acaso Schopenhauer tenía razón: yo soy los otros, cualquier hombre es todos los hombres" (cuento La forma de la espada, en Ficciones, 1944). 

Borges entendió muy pronto que nuestra patria es el planeta. Por eso es imprescindible leerlo y releerlo justamente hoy, cuando el contexto actual de pandemia nos revela que estamos todos conectados, inevitablemente. Que el error de uno es el sufrimiento de todos; así como el sacrificio de un sólo hombre sirvió para salvar a la humanidad. 

En su cuento "El Fin" el autor plasma su idea sobre el destino del hombre en intertextualidad con un episodio clave del Martín Fierro de José Hernández: el pasaje en el cual el gaucho ha discutido en una payada a contrapunto de guitarras con el hermano del Moreno a quien había matado.

Borges recrea la historia y le otorga "un final" a Martín Fierro dándole un giro a la situación a partir del procedimiento de inversión-duplicación.

Este hermano del Moreno que vino a buscar venganza, la logra y asesina a Martín Fierro de una puñalada, tal como aquel lo había hecho con su hermano. Pero ahora ese hombre, "cumplida su tarea de justiciero, ahora era nadie. Mejor dicho, era el otro: no tenía destino sobre la tierra y había matado a un hombre" (El Fin, en Artificios, 1944).

El victimario pasa a tener el mismo destino que su víctima: ser un criminal. Nuevamente el tema de "el otro, el mismo" y su teoría del uno. 

Borges: Un escritor raigal y en fuga, tan particular como universal. Un escritor que ya ciego quiere conectar con nuestra territorialidad sanjuanina desde el agua de una fuente en nuestro desierto. Si todo esto no forma parte de nuestra sociedad, de nuestra cultura, de nuestro tiempo, entonces: ¿Por qué leer a Borges?

 

Por Dra. Grisby Ogás Puga
Docente – Investigadora UNSJ/Conicet