Sería muy bueno responder a esa pregunta con un categórico sí, aunque siempre están las dudas. Hay dos argumentos para terminar de hacer esa afirmación: el altísimo nivel de corte de boletas y la histórica asistencia a las urnas. Y hay una sola una razón para sostener lo contrario: el bajísimo trabajo político de algunos referentes del PJ que perdieron la interna de agosto. No hay fórmulas para hacer un promedio y estimar en números al menos aproximados qué fue lo que pesó más. Hay sólo intuiciones. Por ahora, y para mirar el vaso medio lleno, yo prefiero pensar que estamos aprendiendo a votar, que estamos madurando nuestra joven Democracia. ¿Será momento de quitarle dramatismo a la política? ¿Será momento de que sintamos la obligación de ir a votar sólo por la satisfacción de hacerlo y no porque nos obligan? ¿Será momento de que el gobernador y la presidenta salgan menos en la TV o en los diarios?

Un amigo que recibió hace algunos meses una estudiante de intercambio se sorprendió un día charlando con la adolescente de 17 años: "¿Qué te parecen los medios de comunicación argentinos?", le preguntó mi amigo a su visita. "Y… me parece que el gobernador y la presidenta salen mucho en la TV. Cambiás el canal o comprás otro diario, y es lo mismo. En mi país salen poco y no es noticia que hagan obras, porque hacer obras no es un logro, es una obligación", respondió la chica revolviendo un puñal en el corazón de mi amigo. La inocente crítica quedó dando vueltas en una mesa de café hace un tiempo. En esa inesperada tertulia hubo opiniones de todos colores, aunque todas apuntaron a que si los gobiernos sienten la necesidad de contar lo que están haciendo con mayor frecuencia a lo que les impone la ley, es porque algo no está funcionando bien. Sergio Uñac, el electo gobernador de San Juan, usa una frase que suena interesante: "Hay que desdramatizar la política". El pocitano invoca esas palabras para descomprimir la supuesta inconveniencia de tener un gobernador peronista y al mismo tiempo, dependiendo del resultado del 22 de noviembre, un presidente del PRO. Sería muy bueno que el mandatario electo se anime a ampliar el alcance de esa frase. Los sanjuaninos hemos levantado nuestros niveles de exigencia y es muy posible que ahora empecemos a pedir mayor profundidad a los gobiernos. Mejor Justicia, mejor Educación, mejor Seguridad. No solamente mejores edificios, mejores escuelas o más patrulleros, porque eso ya lo hizo José Luis Gioja. Uñac ya dio un paso hacia adelante al convocar el martes pasado en una entrevista con este diario a los dirigentes que compitieron con él en la interna de agosto, convite que fue aceptado por esos militantes políticos. Incluso es muy posible que los que no somos políticos ya hayamos avanzado: a la última elección fuimos a votar más del 82 por ciento de los sanjuaninos habilitados, una cifra histórica desde el 2003. Y no votamos cualquier cosa, ya que el nivel de corte de boletas se vio en todas las categorías y en todos los departamentos. Sólo por citar algunos ejemplos, Uñac logró en Rivadavia el 48,3 por ciento y su candidata, Ana María López, apenas superó el 29 por ciento de los votos. La actual intendenta consiguió 20 puntos menos que el dirigente que estaba en la misma boleta. En Zonda, otro caso, el pocitano se llevó el 52,1 por ciento y el candidato a intendente, César Monla, logró sólo el 39,7. La diferencia fue de unos 300 sufragios, suficiente para que el dirigente comunal perdiera la contienda electoral a manos del basualdismo. O aprendimos a votar o la interna del peronismo hizo estragos. Hay dirigentes del peronismo que sostienen lo segundo. Ojalá se equivoquen, aunque en casos como el de 9 de Julio, por ejemplo, cuesta creer en un electorado educado ya que allí es evidente que los hombres del justicialismo tiraron la chancleta y prefirieron darle la victoria al rival que a un compañero. El corte no fue exclusivo del peronismo, porque al basualdismo le pasó lo mismo, por ejemplo en Rivadavia o Santa Lucía. En resumen, Uñac tiene una oportunidad de oro, que ojalá no la desperdicie. Si logra acercarnos más a la institucionalidad, es probable que ya no salga tanto en TV o los diarios.

La pelea nacional:

Distinto es lo que se ve que ocurre en la pelea entre Mauricio Macri y Daniel Scioli. Nadie se anima a predecir lo que pueda ocurrir porque los protagonistas son impredecibles. El candidato del oficialismo ya ha prometido todo lo que no podrá implementar, como el 82 por ciento móvil o subir el mínimo imponible de Ganancias a 30 mil pesos. Macri ya pasó por esa situación en la campaña, cuando calificó a la estatización de YPF como algo bueno o cuando prometió que iba a mantener los planes sociales. Se olvidó que antes mandó votar en contra de la compra de la petrolera y se cansó de hablar mal de la gente que recibe la Asignación Universal por Hijo. La improvisación se nota demasiado.

El sciolismo se juntó en Tucumán y, a cara de perro, analizaron los errores: no asistir al debate, dejar hablar al kirchnerismo, permitir que Aníbal Fernández sea candidato en el distrito más importante del país, y dejarse robar las banderas del cambio, fueron algunos de los que quedaron expuestos en la intimidad de los gobernadores peronistas. ¿Soluciones? que Cristina Fernández se aparte, que Scioli sea más protagonista, más propuestas y permitir que dirigentes de las agrupaciones kirchneristas tengan más espacio en los armados ministeriales, son las estrategias que se ve que vienen. Gioja dijo ayer que van a salir con todo a la calle, que van a usar todas las herramientas que existen para convencer al electorado, así es que parece que se viene una campaña más que intensa. No hay que olvidar que ahora un voto define quién es el nuevo presidente.

Cristina dio un mensaje confuso días atrás. Se vio que estaba enojada, molesta. Intentó hablar desde el corazón, se justificó a ella misma por las formas, por la soberbia, no mencionó a su candidato, pero sí al modelo. Por lo que dijo ella cree que el modelo es mejor candidato que la persona y se nota que la campaña de Scioli pasa por la persona más que por la política. Él se muestra como luchador, como campeón, no como parte de un grupo. Son mensajes distintos y confunden.

¿Qué queda? Dicen los especialistas que lo que no se logra esta semana es muy difícil revertir. El peronismo está en pleno proceso de sacudirse la tierra y salir a enfrentar el golpe, que dolió más de la cuenta, especialmente en provincia de Buenos Aires, la tierra de los varones del conurbano, de los líderes del peronismo. "Massa y De la Sota quieren conducir un peronismo perdedor", dijo Gioja ayer en Radio Sarmiento y se ve que por ahí va la mano. Los peronistas se sienten amenazados por primera vez en mucho tiempo, puede pasar casi cualquier cosa, hay que tener cuidado.

En definitiva y para volver a la pregunta inicial de esta nota: no se puede afirmar que estamos aprendiendo a votar, pero sí se puede sospechar de ello, lo que en la práctica ya es un avance tremendo.