Tiene el desafío nada menor Sergio Uñac por estos días de encontrar equilibrio, cuando se decida a levantar la mano y anotarse en la carrera por la sucesión: entre la contundencia que reclaman estas acciones y el coqueteo con la línea divisoria de pecado mortal, como es almorzarse la cena.

El intendente de Pocito dispone de un manojo de virtudes que nadie desecharía sin siquiera evaluarlas: forma parte del núcleo más confiable del gran elector -el gobernador Gioja- y es el dirigente del sector con mejor imagen luego de la del conductor. Nada menos, si es que la vara que definirá al sucesor será, como afirmó el senador Gioja, lo que la gente le pida al gobernador y no la voluntad exclusiva del conductor.

Por esas condiciones o a pesar de ellas es que aparece como la variante a la furiosa interna desatada entre el senador y hermano César Gioja y el intendente capitalino Marcelo Lima, también hermano a su vez del hombre de mayor confianza del gobernador.

¿Interna, qué interna?, se preguntó el gobernador hace poco, cuando le preguntaron por los cruces soterrados entre los dos bandos. Fue un intento de desdramatizar lo que de a poco empieza a convertirse en un fantasma sobre la propia gestión, y que José Luis Gioja no quiere ni ver de cerca.

A pesar del esfuerzo, se siente cada vez más. Especialmente, con los armados agitados del senador en todo el espinel partidario y aún fuera del partido, como una especie de enviado sin ser oficializado. El silencio de quien deberá decidir -su hermano José Luis- funciona como un generoso anzuelo: si nadie le dice nada será entonces que la cosa viene por allí, razonan en los rincones de las unidades básicas, mientras deciden subirse a carro de donde suponen que alumbra la estrella. Palo y a la bolsa, y que pase el que sigue.

Del lado del intendente Lima prefieren contrarrestar esa ofensiva en el plano corto, el mano a mano. Saben que el gobernador diseña un plan de contención con el nuevo sistema electoral que le permitirá evitar las internas, que hará su juego y que recién allí difundirá su voluntad. El resto será intemperie, remarla bajo un diluvio y sin paraguas, sea quien sea: el hermano, el socio de toda la vida, su familia postiza pocitana.

Comparte Sergio Uñac esa visión, con alguna diferencia. No dispone él de las ventajas afectivas de quienes hoy aparecen polarizando la pulseada: el senador y su efecto imán, el intendente capitalino y su silencio estratégico.

Sólo tiene un trayectoria de toda la vida caminando polvaredas desde los tiempos de su padre, Joaquín Coco Uñac, un inseparable de José Luis hasta su fallecimiento. Y de su muy buen registro como dirigente: a fin de año, una encuesta del IOPPS lo ubicó como el intendente mejor valorado por la gente. Reflejos de su imagen de nueva generación política con aptitudes ejecutiva. Atractivo coctel de quien es hoy el dirigente que mejor mide entre los tres en cuestión, aunque deberá atravesar una instancia un tanto particular: esa definición no será para el que mejor mida sino que ese será sólo un ingrediente más. Importante, pero uno más. ¿Los otros? La oportunidad, la conveniencia personal del gobernador, su visión sobre quién garantiza mejor la continuidad del modelo.

Por lo tanto, deberá lanzarse el pocitano a la búsqueda de aquel equilibrio mencionado al inicio. Que sea evidente y rotundo: aquí estoy, en voz generosa y argentina. Pero que logre sortear con éxito la furia que le ocasiona al gobernador que alguien se tire a la pileta sin su venia.

Y aquí está el nudo de la cuestión. Cómo es que al senador lo dejan hacer, sin más que una reprimenda liviana y por los medios, lo que para muchos fue leído como una autorización. Y una queja: si esto sigue así -con César operando fuerte y José Luis guardando silencio- la brecha se seguirá ampliando porque la dirigencia encuentra señales en esos gestos y termina acudiendo al llamado del senador, en desmedro del resto. En el mismo Pocito, cuentan que hay quienes comienzan a animarse incluso a cuestionar el liderazgo del intendente bajo el paraguas del senador, creyendo estar sintonizando la frecuencia del futuro. Así, en todos lados.

Lo primero que busca hacer el pocitano es marcar alguna frontera: Que no lo busquen para vice, en algún intento de emplearlo como llamavotos para alguna opción más devaluada que necesita de su perfil. Ya cree haber sido objeto de una operación que lo ubica como eventual acompañante del senador, y eso es algo que él no puede salir a desmentir de manera explícita. Pero necesita deslizar la certeza de que sólo luego de largas explicaciones podría llegar a ocupar el cargo donde habita su hermano Rubén, y que sólo será si puede elegir a quién acompañar. Hoy, esa lista está en blanco.

El asunto es que este juego, así como resulta vertiginoso y fascinante, también tiene sus riesgos. Sergio Uñac tiene un capital exclusivo que proteger y eso es su gestión, que como lo demuestran las mediciones ha conseguido ser conocida tierra afuera de su Pocito.

Y encuentra algunas luces amarillas. Esta semana, en plena negociación paritaria con el gremio municipal recibió un mensaje curioso cuando apareció en la sala la cúpula sindical a manifestarse en contra del aumento concedido del 14%, en sintonía con el resto. No hubo más drama porque lo habían acordado los propios empleados, pero fue una señal extraña: siempre, tanto él como su padre y antecesor, tuvo buena relación con SUOEM. Y se trata del mismo gremio con un largo conflicto en la Capital y denunciado por Marcelo Lima como factor desestabilizador en la gestión, bajo la instigación del senador.

Otro asunto para su estrategia es de qué modo comenzar el operativo para posicionarse ante la sociedad como posible, algo tan necesario como posicionarse ante el propio Gioja como posible. Hasta ahora, vino manteniendo un discurso neutro, de aproximación, un ni. Este mismo año dijo en radio Colón que si estaba permitido soñar, debía pensar en grande. Una línea de aquel rechazo a ser vice, más el gesto de sacar número y ponerse en la fila para el premio mayor. Irá ahora levantando el voltaje sin salirse de la línea: algo así como "me gustaría ser el continuador de toda la obra que hizo José Luis Gioja".

Hasta ahora, ha venido jugando a las insinuaciones. Reforzando su alto perfil con acciones como el apoyo al ciclismo, con equipo propio y hasta se dio el gusto de ganar el torneo Argentino. Vueltas de la vida, lo consiguió con el menos esperado, Jorge Pi, pocitano como él pero hijo de su siempre rival departamental.

Sergio aprovechó la Vuelta y salió a mostrarse. Con su equipo o en moto, oportunidad de capitalizar la pasión medular de los sanjuaninos.

También abrirá una fundación con el nombre de su padre, Joaquín Coco Uñac, amigo dilecto de Gioja. Estarán allí sus dos hijos políticos -el vice Rubén y el intendente con aspiraciones- y no hay que pensar demasiado para entender que será esa una catapulta para impulsar las intenciones de Sergio. Más aún, por su ubicación: pleno centro capitalino.

Lo demás será sentarse a esperar, con la suerte echada y a calma de haber hecho lo posible. Para saber si, por exceso de voltaje entre las otras dos opciones, por simple estrategia, o porque Gioja debió jugar con su hombre mejor posicionado y los números lo señalaron a él, resulta el elegido.