La gran pregunta sobre las sanciones financieras de Estados Unidos a siete funcionarios venezolanos de alto rango acusados de violar los derechos humanos, no es si se lo merecen -por supuesto que sí-, sino si esto no le dará al presidente venezolano Nicolás Maduro la excusa que estaba buscando para usurpar más poderes, y reprimir aún más a la oposición.

Maduro reaccionó redoblando la apuesta tras la orden del presidente Barack Obama de congelar los activos y negarle visas a Estados Unidos a estos siete funcionarios venezolanos. Envolviéndose en la bandera nacional, Maduro afirmó que las medidas de Obama son "la agresión más grande que han hecho los Estados Unidos contra Venezuela en toda su historia”. Horas más tarde, Maduro pidió al Congreso -controlado por él- que le conceda nuevos poderes extraordinarios.

El presidente venezolano, que está lidiando con el colapso económico que han provocado sus desastrosas políticas, encontró un material que le viene como anillo al dedo para justificar su narrativa de que el "imperio” quiere invadir a Venezuela. El decreto de Obama dice que Venezuela plantea una "extraordinaria amenaza a la seguridad nacional” de Estados Unidos, una formalidad legal para autorizar sanciones financieras. Maduro ha encontrado ahora una excusa de oro para inhabilitar aún más a candidatos opositores de las elecciones legislativas de este año, acusándolos de ser parte de un supuesto plan de EEUU para desestabilizar al país.

Por otra parte, Obama ha permitido a Maduro cambiar el eje de la conversación y desviar la atención de la crisis venezolana. En vez de estar hablando de una confrontación entre el gobierno antidemocrático de Maduro y el pueblo venezolano, ahora se hablará cada vez más de una confrontación entre Estados Unidos y Venezuela, dicen los críticos. ¿Por qué Obama cayó en la trampa de Maduro, después de seis años en los que ignoró las provocaciones de Venezuela?

Mi opinión: Contrariamente a lo que dice el gobierno de Obama, la orden del presidente revela un cambio de política, o por lo menos de estrategia. Frustrado por la ausencia de una presión latinoamericana para que el régimen venezolano respete las libertades democráticas, Obama decidió aplicar sanciones financieras a funcionarios venezolanos de alto rango.

Es demasiado pronto para saber si Obama hizo esto para darle a los republicanos en el Congreso un regalo que ayude a persuadirlos a votar por el levantamiento del embargo contra Cuba, a fin de completar la normalización de las relaciones con ese país. O puede haber sido que Obama se cansó de ver a tantos terroristas fundamentalistas islámicos que viajan por el mundo con pasaportes venezolanos.

No hay nada malo con implementar sanciones financieras contra los abusadores de derechos humanos en Venezuela. Todo lo contrario. Pero Obama debería haber anunciado las nuevas medidas simultáneamente con la revelación de datos sobre los miles de millones de dólares escondidos en bancos estadounidenses y extranjeros por funcionarios venezolanos de alto rango.

Eso habría permitido centrar la atención en la corruptocracia que gobierna Venezuela, y hubiera eclipsado los titulares sobre una supuesta "guerra” de EEUU contra Venezuela. Tal como fue anunciada la "extraordinaria amenaza” de Venezuela solo logrará alimentar expectativas falsas entre la oposición venezolana de que Estados Unidos hará algo más grande para derrocar al régimen, y le dará a Maduro nuevas excusas para restringir aún más las libertades democráticas.