Antiguo buzón en la Esquina Colorada – Rivadavia

Como obedeciendo a un impulso vital del sentimiento y la palabra, has vuelto viejo buzón, memoria de mi barrio. Ya no orbitarás el oscuro planeta del olvido. Estas aquí. Vivo y real, como en aquellos tiempos cuando ofrecías tu boca siempre abierta, para que los vecinos depositaran por allí sus urgencias, sus sentimientos, su necesidad, al fin, de llegar a otro ser. Como un arco que dispara la flecha, así despedías tus cartas hacia otros lugares, rompiendo las fronteras y las distancias. La tecnología te archivó. El clásico "no va más", te lo cantaron hace rato y de pronto, casi sin darnos cuenta, te dejamos de ver. Como tantas cosas, te devoró el progreso. Pero fue hasta que alguien te vio como una chatarra inútil y ociosa, en algún basurero de por ahí. Comprendió que nadie te daría el valor que para nosotros tienes, y decidió rescatarte. No para que vuelvas a ser el mensajero, sino para que te erijas en una reliquia que nos recuerde un pedazo de las cosas que ya no están. 

Aquel hogar de la palabra y los corazones, está de nuevo por aquí. Y nosotros, con la serena alegría que dan los años, nos paramos a mirarlo y a dejar que, a su influjo, la memoria huya hacia el pasado y rescate aquellas rumorosas jornadas junto al canal. Se me viene la cotidiana presencia de aquellos seres que, de tan familiares, los hicimos nuestros. La esquina, que convoca al kiosco, el botiquín, la bomba, la escuela, el bar, el corralón, la verdulería, la carnicería, Del Bono, y todos aquellos personajes que se vienen en tropel hasta nuestros días, como traídos por una carta enviada desde donde habita el pasado. Sí. Todo eso era nuestro. Seres y cosas. Ya no están, pero ya nadie habrá de quitarlos de ese lugar que tenemos aquí, donde palpitan el cerebro y el corazón. De todo eso, hoy pudimos rescatar el buzón, aquel que firme en la esquina, espero pacientemente, por años, que los vecinos depositaran una carta. Tal vez de amor, hacia aquel o aquella que se fue a otros lares con la promesa de volver algún día. O para el hijo que se marchó a la capital, atraído por la creciente industrialización que aquí tardaba en llegar. O que se alistó en el ejército. O dirigida a ese ser querido que, sin saberlo, ya no veríamos nunca más. Ríos de tinta y palabras, que se echaron a volar, como llevadas por el viento hacia el lugar donde una mirada ansiosa habría de leerlas. En tu tierno refugio, buzón, se anidó ese montón de sentimientos. Bienvenido, una vez más. Los viejos militantes de la Esquina Colorada, unidos para mantener viva la reminiscencia de lo que fue y lo que es nuestra esquina, agradecen a la intendencia de Rivadavia, su ayuda para hacer realidad esos proyectos. Y, parafraseando a John Lennon, diremos que "la vida es eso que pasa” mientras el buzón seguirá, ya por siempre, siendo el fiel atalaya de nuestra memoria. 

 

Orlando Navarro
Periodista
Foto: Pirincho Gómez