Desde un tiempo a esta parte noto con cierta tristeza que en distintos lugares de la ciudad Capital, se han modificado colores y formas de las baldosas que se colocan para reemplazar las dañadas. Parches en tramos sin importar estética o bien veredas completas de frentistas particulares como de comercios e incluso de organismos públicos tanto nacionales como provinciales. De esta forma se le quita, arruina y despoja a la ciudad de lo que es parte de la idiosincrasia urbanística que la caracteriza. Esta que se inició allá por el año 1955, en plena reconstrucción de San Juan, luego de acontecido el terremoto de 1944. En esa ocasión se dispuso que las baldosas de toda la ciudad serían de formas y colores uniformes, a modo de que la paleta de colores sea homogénea. Esa disposición fue oficial. En la actualidad vemos que se han violado disposiciones provinciales como municipales, porque varios frentistas decidieron hacer lo contrario. A esto hay que agregar el mal estado en general de las veredas como su mala nivelación. Todo esto perjudica a la cultura popular de los sanjuaninos de tener una ciudad que los identifica.

En este estado de situación la Capital sufre un atropello a su identidad y se modifica de manera absurda y de mal gusto la uniformidad que tuvo durante más de medio siglo. Esta carta es precisamente para llamar a la reflexión tanto a los ciudadanos en general como a las autoridades municipales en particular, con el fin de que no se permita que se sigan modificando la forma de mosaicos y su paleta de colores, porque eso forma parte de la identidad de la ciudad de San Juan, la cual fuera considerada como la ciudad más moderna del país.

 

Por Víctor Zelaya
DNI 5.814.373