Tu amor es de una sola manera. Tiene muchas formas, cifrados y signos. Pero es único, traslúcido y visceral. Tu amor es de esos amores que no dejan dudas. Uno sabe qué puede esperar de él, sin claroscuros. Pero sorprende, de la manera que es lindo sorprenderse. En el momento excelso, pasa de ser luna quieta a levantar la marea en un instante. Preciso y supremo. Encabritando las olas, que rebotan en las formas sinuosas de tu cuerpo, traslúcido en la espuma blanquecina y triunfal. 

Tu amor es de esos que se insinúan quedamente. Hasta que el aleteo de la vida despierta el instinto ancestral, y una suave decisión impulsa tus dedos, curiosos e inquietos. Y tu boca, en irrefrenable anhelo, se desliza en pos de la victoria. Avanza sobre mis fortalezas, cuyas armas, prestas y alertas, se preparan a la contienda, donde alternará momentos de dulce entrega, con animosas embestidas por donde tú, ansías ser atacada. 

Y aquella, de la sola manera, puede ser varias que acometen una a una. Y con todas yo me enredo Aunque es un ejército de sólo dos brazos, dos piernas, dos senos, dos ojos y una boca. Una sola mujer, la que me acecha. La de las mil formas de amar. Y lo es de una sola manera.

No habré de buscarle más vueltas a ese prodigio. A ese regalo bendito que se cruzó en mi camino. No habré ya de preguntarme por qué, me hice yo de ese premio. Solo me dispongo al disfrute. A dejarme llevar por donde me lleve, a su antojo. Poco a poco llevará mi barca hacia puerto seguro. Donde desembarcan los sentidos y aguardan esas playas en cuya arena, tendidos, nuestros cuerpos relajarán, su pulso embravecido. Y cara al cielo, buscando un punto azul, allá, en lo más alto, diremos, sin decirnos nada. ¡Qué bello ha sido! Que tierno aflojamiento. Y un te quiero repetido, quebrara el silencio del lecho compartido.

Las olas habrán cesado y lentas retornan a la región de sus dominios. La luna dejara de incentivarlas y la quietud de la noche gobernará el reposo de mi amada.

¿Dormiré esta noche? No lo sé. En el relajo, acaba de revelarse una certeza. Que eres mía, y con ese pensamiento, es difícil que concilie. Pues no me abandona la placida imagen de tu figura dibujada en la arena y sometida al vaivén de las crecientes olas que invento el amor. 

Mañana despertare y me tendré que ir. Como haces siempre, en un ruego que sabes imposible, me dirás que me quede contigo. Que dejemos que el sol levante sobre los árboles y permanezcamos donde nuestros cuerpos descifraron los códigos del amor. Seria hermoso, diré entonces, pero debo partir. Esperame esta noche con ésa, tú propia y singular manera, que yo me encargare de ocupar los secretos lugares donde eres feliz. Y haremos otro 14 de febrero, cuando de nuevo la marea se someta a la atracción que viene desde la luminosa dueña de la noche. Y volveremos a tejer en la tela fina de la dicha incomparable de amar y ser amado. Feliz día de San Valentín, mi amor.