Mario "Tito" Ruffa acaba de marcharse. Se nos fue un amigo. El llanto quedó, mustio, de los que lo despidieron, expresó la congoja que produjo su partida. Lo encontré de joven en la Escuela de Comercio, y calamos una profunda amistad, a la par que compartíamos libros y apuntes en su casa de la calle La Pampa. Allí supe de la claridad de sus ideas, de la convicción y apasionamiento con que las defendía, en jornadas de ardorosos debates con otros compañeros. Ya en la facultad, lo avasalló la necesidad de poner en acción eso que pensaba y tomó un camino. Yo otro, como suele pasar, pero seguí conectado a la suerte de sus pasos. Vinieron otros camaradas de marcha, y él, yendo siempre al frente, frontal y derecho, se los ganó irremediablemente. Por eso lo están llorando y uno de ellos, Ricardo Clavel, me acercó estos versos que replican el sentimiento que supo despertar en quienes lo conocieron. "Te fuiste Tito, pero vendrás. Fue un simple ‘hasta luego’, porque nunca te fuiste. Tú, lo sabrás. Fueron muchos inviernos, también muchos veranos, que la vida nos vio, caminando como hermanos. Miro calendarios pasados, tal vez, algunos borrados, pero te encuentro allá, en el secundario, en la universidad, y en tus enseñanzas de la vida, por la calle Laprida, en mi barrio de Trinidad. Asomaste un día, en el trajín de mi vida, sin tapujos ni cortinas, mostrando tu filosofía. Me enseñaste que la pobreza, es pura riqueza que se anida en cada uno, en silenciosa alegría, en la humildad de un corazón, para toda la vida. Que los amigos son como los libros. No es necesario tener muchos. Sólo tener los mejores, que serán tu abrigo, en noches de soledad, cuando al corazón lo cubra el frío. Que el amigo es como la flor que esparce su perfume, así como el mar su bruma. Y aunque nadie lo pida, sabrá el que lo reciba, que la alegría de la vida abrirá su ventana, junto al sol de sus días. Querido Tito. Como tantas tertulias que desandamos, en caminos impensados, de noches oscuras. Donde la luna nos guiaba, buscando un despertar para aquellos que, mirando las estrellas, soñaban con hadas y doncellas. Hoy estás junto a ellas. Goza del Reino y su Realeza, que el Cielo sólo premia al guerrero, que hizo camino en la tierra, con su fe y fortaleza. Me emociona tu recuerdo. Quizás quedaron cosas en el cuaderno. Tal vez deberes incumplidos. Pero tú ya lo ves, y a tu corazón lo toco: ‘Equivocarse es un defecto de todos, pedir disculpas, una virtud de pocos’. Los silencios acompañaron nuestros destinos. Durmieron a la vera del camino, esperando el abrazo del amigo, y la sonrisa de su rostro, calmando la ansiedad, y el vacío de los deseos incumplidos. Hoy te abrazo, aunque hayas partido. Sentirás la compañía de un corazón que late contigo. Surcan mi rostro perlinos recuerdos, de un Tito que fue y seguirá siendo mi amigo. Ricardo Clavel, septiembre de 2021".

 

Orlando Navarro
Periodista