Señor director: 

Sin dudas, los alumnos del Colegio "Don Bosco”, que egresaron como Bachilleres en 1955, fueron siempre los "regalones” del recordado director, el benemérito sacerdote, padre Antonio Garbini. Quizás por eso, esta célebre promoción dio siempre el ejemplo de lo que es la verdadera camaradería. Nada menos que desde hace 62 años, se reúnen todos los meses para compartir un almuerzo que sirve para reafirmar cuan fuerte fueron los lazos de amistad que se consolidaron en ese querido Colegio "Don Bosco”.  

"Piedad, estudio y disciplina”, era la famosa frase que los salesianos nos inculcaban. A través de ella se reafirmaba también la dedicación al trabajo, el valor de la familia, el respeto y obediencia a los padres, y por añadidura, en el patio del colegio, había además un ambiente propicio para encontrar allí a los mejores amigos.  

Qué grandes enseñanzas y qué grandes ejemplos aquellos que recibimos en esos años felices. Hoy lamentablemente vemos con preocupación, cómo tantos de estos valores se perdieron al no haber sido incorporados por muchos colegios que forman a nuestros jóvenes. 

Pero dejando la nostalgia a un lado, quiero seguir con el relato de aquella siempre envidiada promoción de 1955, que a través de más de seis décadas se reunieron unas 732 veces. 

El incansable Rodolfo Piola junto con otros de sus compañeros, al ver que muchos de sus ex camaradas partieron para estar otra vez junto el padre Garbini, tuvieron la feliz idea de hacer partícipe también de estos afables encuentros mensuales, a promociones posteriores.  

Así entramos en la lista de invitados los egresados de 1956 y 1957, que eran dos grupos de ex alumnos que también como ellos, fueron diezmados por la ausencia de queridos camaradas que partieron para siempre, pero que aún nos siguen acompañando con su presencia en los más hermosos recuerdos.  

El último almuerzo del sábado fue realmente inolvidable. Tuvimos el honor de compartir la mesa con dos compañeros que fueron distinguidos por las autoridades de la Municipalidad de la Capital y el Concejo Deliberante como "Vecinos Ilustres”, en mérito a su trayectoria como personas destacadas. Me refiero a Guido Iribarren y a Mario Pulenta, cuyo ejemplo de vida se debe imitar. 

Cómo poder olvidar aquellos años felices de inocente niñez y traviesa adolescencia, que hoy, después de tanto tiempo, aún permanecen vivos. El abrazo que todos compartimos en aquel emotivo almuerzo en la casa del "flaco” Piola, no fue una simple muestra para invitar a un brindis; ese abrazo expresaba mucho más, transmitía el fuerte sentimiento del afecto sincero que nos une a todos desde hace ya casi setenta años.