
Señor director:
Desde hace ya más de una década observo con preocupación el poco cuidado propiciado en la provincia de San Juan a la red de riego y drenaje más extenso de Sudamérica. No se trata de la falta de mantenimiento, sino de la cultura ociosa de un pueblo que ve en los 2.500 kilómetros totales de su extensión depositarios de basuras en algunos casos u en otras ocasiones, cintas transportadoras para sus residuos domésticos.
Heredada de los pueblos originarios de nuestra tierra sanjuanina, las culturas prehispánicas sabias conquistadoras del desierto, diseñaron en nuestros primeros oasis las primeras acequias y canales para regar sus cultivos y contar con este recurso para su vida diaria.
Es que en San Juan el cuidado del agua es clave, estratégico, sobre todo en sequías extremas como la presente. Ensuciarla no solo es señal de barbarie, desidia y auto abandono cultural, sino nocivo para el ambiente y lo más grave, la salud de las personas.
Recuerdo haber leído en una oportunidad, en 2006 si mal no recuerdo, en Suplemento Verde de DIARIO DE CUYO el caso de un chacarero de la entonces Colonia Pacheco del Departamento Rivadavia, al sur de La Bebida; la cantidad de basura arrojada por indolentes de los asentamientos poblacionales cercanos, que debía sacar del canal de riego y las acequias para poder regar su cebolla.
Urge incrementar las campañas de difusión preventiva de este mal cultural por un lado e incrementar el poder de policía del Departamento Hidráulica a fin de colocar penas severas a quienes atentan contra el recurso hídrico vital.
Así recién podremos repetir la frase del maestro de América: "El agua es para San Juan, lo que la sangre para el cuerpo humano”.
Alberto Márquez
Regante
