Los podemos observar todos los días cuando salimos de nuestros hogares, cuando nos sentamos en plazas, parques y pasan por nuestro lado vendiendo estampitas o pidiendo dinero. Se trata de los niños de la calle. Nos encontramos con ellos y pensamos que es un niño pobre y que no recibe muchas veces comida cuando se le ofrece, pero sí dinero. Pensar o decir que es un mendigo, me resulta un término ofensivo. Pero muchos de ellos son mandados por los padres, tutores o encargados de "cuidarlos, protegerlos, guiarlos". Se sabe que detrás de cada niño que anda en la calle vendiendo o pidiendo, hay un grave problema familiar. Algunos de ellos tienen padrastros, a quienes no le hace una pizca de gracia el hijo de su compañera. Muy por el contrario, prefiere que se vayan a la calle. Vienen los maltratos. Y, la madre, entre el compañero y el hijo, prefiere: mandar al niño a la vía pública. Pero este es un ejemplo de las múltiples situaciones que se dan. Por lo que el origen de los niños de la calle no sólo hay que buscarlo en la desintegración familiar, sino además y sobre todo, en el sistema socio económico dominante, que ha favorecido el desarrollo de grandes capitales y una cantidad inmensa de pobres que son de los patrimonios más grandes de Argentina y América latina. Este tema lo dejo para los políticos y grandes dirigentes nacionales, provinciales y departamentales, para que busquen solución para proteger a los chicos.
Cuando sean mayores, seguramente recordarán su niñez, la cicatriz de algún golpe que será difícil de borrar. También estarán las cicatrices que quedan grabadas en el alma, donde se tienen los sueños, las esperanzas, las ilusiones. Estos niños forman parte del panorama urbano. Parece que siempre han estado ahí y que nunca se irán. Por eso quiero que nos hagamos algunas preguntas y reflexionemos ¿cómo recuperar a estos niños? ¿Quién los puede ayudar? ¿Quién está para ellos? ¿Cuántos de nosotros tenemos empatía hacia ellos? ¿Cómo entender su mundo interior de soledad y de angustia? ¿Cuántas veces hemos oído su llanto en la noche? ¿Cuántas veces hemos intuido esa mirada triste? ¿Entendemos alguna vez, por qué su manera de actuar es a veces agresiva o pasiva? ¿Entendemos cuando intentamos preguntarles de donde vienen, si tienen familia, si tienen padres? y ellos muy ligeramente evitan las respuestas. Una de las responsabilidades como padres es no llevar caos, dolor, o tristeza a la vida de los niños, sino darles educación, mucho amor e inculcarles valores, educación, estudios, para que sean personas útiles a la sociedad y no un futuro en una celda.
Por Rosa Barahona
Dirigente vecinal
La Bebida – Rivadavia
