Nuevamente se cierne sobre la sociedad argentina la oscura sombra de la violencia. Esa gran tentación de los apurados y de los triunfalistas. De los que no aceptan el desafío de construir la historia a través de la jornada, muchas veces rutinaria y agotadora del trabajo. Y de los que aquí y ahora pretenden el éxito inmediato de teorías que nunca bajaron de los escritorios.

Es duro pensar que en alguna mente argentina pueda tener cabida la violencia como posibilidad para cimentar la libertad y la justicia, olvidándonos que hemos padecido una dictadura. Es decir, de los momentos más cruentos, con enfrentamientos, precisamente en nombre de esos valores.

La comunidad argentina esta desintegrada porque se ha perdido el respeto y se quiere introducir la violencia como método para lograr métodos anti pueblos. Ese camino ya fracasó, costó muchas vidas y parece que se ha olvidado. Y, si se recuerda, es para sacar provechos ajenos al sentir del argentino, utilizando métodos en donde la violencia es el estandarte.

Si, ese camino ha fracasado rotundamente. ¿Quiénes pueden tener interés en insistir es ese método? Los "anti-vida”, los "anti-patrias”, y los "asociales”. Y todos los que hemos hecho el retorno hacia la democracia, hicimos la opción por la vida, por la patria y por la sociedad.

Hoy los "anti”, no saben de la historia, no valoran y no saben lo que es perderla dignidad de ser libres. No nos dejemos engañar por los pocos inadaptados que invitan a la violencia. Jamás. Ni media palabra. Ni de la derecha, ni de la izquierda. Que nuca más la Argentina vuelva transitar por el sendero de la desesperanza.

No sabemos valorar el privilegio que nos da el voto, nos estancamos en el presente introducimos la violencia y no vemos el futuro, un futuro que no nos pertenece y es propiedad de las nuevas generaciones que todavía no sabe decidir.