Señor director:
Cómo añoramos esos momentos en que podíamos salir tranquilamente a la calle. Encontrábamos a un amigo, le estrechábamos fuertemente la mano o lo abrazábamos de tal forma que se diera cuenta del afecto que nos inspiraba. Las salidas podían ser a cualquier lugar. Simplemente una vuelta por el barrio, caminar por una plaza o hacer algunos kilómetros en el auto hasta la zona del Dique de Ullum o el Pinar. Cualquier lugar era bueno, pero tal vez no nos dábamos cuenta de lo que eso significaba. Ahora añoramos todo eso, porque nos hemos dado cuenta que sin esas pequeñas cosas de la vida, no se vive bien. El dinero ya no es tan importante como la libertad que, en cierta forma y momentáneamente, la hemos perdido.
