Señor director: 

Hoy, enfrentamos un nuevo trastorno para la gran parte del pueblo argentino. Tampoco este año las clases comenzarán en la fecha prevista… y van… 

No critico a los docentes, es más los considero por tradición y convencimiento como la base fundamental para la grandeza de la Patria. Admiro y respeto la entrega espiritual que ofrece en cada momento de la tarea escolar; pero pretendo entender que tan legítimo y justo es su reclamo. Nadie ignora la situación económica que afronta el país entero, y si analizamos a los distintos sectores no creo que sea el gremio docente el que esté sufriendo el mayor desequilibrio del presupuesto familiar. Más bien, parecería que está en mejores situaciones de exigir mejoras. 

Saben cuán importante es para la Nación su labor, conocen perfectamente el daño irreparable que su falta de apoyo ocasiona no a la clase gobernante. No a los políticos, sino a nuestros jóvenes y niños. Saben que indispensable es el cumplimiento de su misión para lograr la educación del pueblo, base fundamental e imprescindible para mejorar la situación social, la paz interior y la buena conducta de la mayoría de la ciudadanía. 

La educación es la condición de mayor valor moral y económico de un país. Sin educación nunca saldremos del pozo. Sin educación primará la violencia, triunfará la droga, se facilitará el sometimiento de la clase obrera ante el poder del dinero. 

Si los docentes desean merecer la calificación que siempre tuvieron, de ser una de las más dignas y nobles profesiones, deberán dar prioridad al cumplimiento de sus deberes, buscando formas de reclamo sin perjudicar al educando.