Los Reyes Magos, Melchor, Gaspar y Baltazar.

No resultará fácil arrancar de las mentes de los hombres la magia secular de la noche de los Reyes, cuando los personajes guiados por la luz de una estrella atraviesan el mundo con una sola finalidad: cumplir todos (o casi todos) los deseos. Los abuelos se empeñarán en mantener la fábulas aprendidas de sus mayores. Los de la "generación intermedia” aceptan lisa y llana la supresión de un mito. Pero ¿Existieron realmente los Reyes Magos? Una sólida urna de oro y plata conteniendo sus restos, que se conservan en la catedral de Colonia (Alemania), corroborarían su existencia. También las pinturas de las catacumbas, aún cuando induzcan a confusión acerca de la cantidad de reyes magos. Sin embargo, el primer texto formal admitido por el Papa San León, habla de los tres Reyes Magos, número posteriormente recogido y difundido por la iconografía sagrada. La frase recogida por el Evangelio "pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarlo”, sitúa a los Reyes Magos como hombres con la suficiente versación astronómica como para advertir el nacimiento de una nueva estrella que habría de guiar sus pasos hacia Belén. La vieja profecía de Balaam: "Nacerá una estrella de Jacob”, se había visto cumplida. Fue entonces ineludible para ellos seguir su trayectoria y acercarse al establo donde había nacido el Mesías para derramar presentes por el nacimiento del Niño Dios. Desde entonces, como repitiendo un rito inmemorial, los Reyes Magos, definitivamente incorporados al santoral católico, llegan cada año para asomarse al sueño de los niños y de los grandes. Rubén Darío escribió sobre ellos: "Yo soy Gaspar, aquí traigo el incienso. Vengo a decir: la vida es pura y bella. Existe Dios. El amor es inmenso ¡Todo lo sé por la Divina Estrella!. Yo soy Melchor, la mirra aroma todo. Existe Dios, Él es la luz del día. La blanca flor tiene sus pies en lodo, y en el placer está la melancolía!. Soy Baltazar. Traigo el oro. Aseguro que existe Dios. Él es grande y fuerte. Todo lo sé por el Lucero puro que brilla en la diadema de la muerte. Gaspar, Melchor y Baltazar, callaos. Triunfa el amor y a su fiesta os convida.¡Cristo resurge, hace la luz del caos y tiene la corona de la vida!.

Por Carlos R. Buscemi  Escritor