
Recién comenzaba la década de 1970. La ciudad capital de los sanjuaninos era pequeña y estaba rodeada de fincas con sus parrales, silencios profundos y pocos vehículos en las calles. Todavía habían vestigios del doloroso terremoto de 1944. Pero a la vez, se notaba el franco crecimiento urbano, con barrios nuevos en distintos lugares de la Capital y Gran San Juan. Quizás el único departamento donde aún se nota esa belleza del San Juan antiguo es Santa Lucía, con sus largas calles en cuyos costados se pueden ver alamedas y sauces con alguna que otra casona que rememoran esos tiempos preteritos.
El común denominador todavía eran esos parrales donde se trabajaba en ponerlos a punto para la temporada de la vendimia en que miles de sanjuaninos salían en familia como en grupos de amigos para la cosecha, trabajar para ganar la mayor cantidad de dinero posible con el fin de comprar todo lo necesario para sus hogares y de esa manera estar bien aprovisionados para pasar el invierno en que aflojaba el trabajo privado, porque en su mayoría era el empleo público el que prevalecía.
En ese contexto, se podía notar como de a poco el sanjuanino apostó siempre por trabajar, quizás a los tropezones, con las circunstancias políticas que siempre aquejan al país. Pero, con la intención de seguir para adelante. Así fue que nacieron empresas familiares de distintos rubros que dieron trabajo a miles de sanjuaninos. Mientras esto sucedía, la ciudad crecía. Y, en medio de ella, un gigante se asomaba más y más. Era la construcción de la avenida de Circunvalación, cuya intención era rodear a la ciudad, pero quedó chica por el crecimiento demográfico del Gran San Juan.
Avance de la urbanización
La ciudad hacia el Oeste terminaba en el Barrio del Carmen, en Desamparados. En los alrededores, habían grandes parrales como en el inmenso terreno que ocupa en la actualidad un centro comercial. y otros más en los alrededores.
En lo que ahora es el Barrio Aramburu, Sargento Cabral y otros, todo era parrales y más parrales. Más al Oeste, por la antigua calle Coll, aparecía el Barrio Huazihul. Pero para llegar a ese complejo habitacional alrededor de las calles ya era todo zona rural que le daba frescura al medio ambiente y trabajo a los sanjuaninos.
A las nuevas generaciones les parecerá increíble, pero aún quedan vestigios de esos lugares que fueron fincas, canales y vías ferroviarias que son mudos testigos del paso del tiempo.
Y así, entre parrales, villas antiguas y barrios nuevos fue creciendo, la ciudad capital como el resto de los departamentos que forman el Gran San Juan, es decir Rivadavia, Chimbas, Santa Lucía y Rawson.
El crecimiento en la población y la necesidad de vivienda hicieron que muchos de esos manchones verdes tuvieran que dejar paso a una región donde los nuevos complejos habitacionales fueron creciendo.
Esos benditos parrales que hacen de San Juan una tierra especial para la vitivinicultura se tuvieron que crear en otros departamentos. Algunos alejados de esta urbe que promete seguir creciendo para bien de la provincia y los sanjuaninos.
Por Redacción de
DIARIO DE CUYO
