Señor director:
Este año jubilar, acabado hace dos semanas, millones de peregrinos han cruzado la Puerta Santa. Esto nos ha invitado a redescubrir el centro, a volver a lo esencial.
Ahora, la Puerta Santa se ha cerrado, pero permanece abierta la verdadera puerta de la misericordia que es el corazón de Cristo, de donde brota la consolación y la esperanza.
Francisco, el Papa, nos llamaba explícitamente a no cerrar nunca la puerta de la reconciliación y el perdón, porque siempre es posible levantarse de nuevo y volver a comenzar.
Lo ha hecho también con la carta apostólica "Misericordia et misera", que se presentó el día siguiente de acabarse el Año Jubilar. Tenemos una gran tarea por delante, porque, al igual que cree en nosotros, estamos llamados a infundir esperanza y a dar oportunidad a los demás.
