De izquierda a derecha Julio González y José Lahora con la camiseta de Independiente Rivadavia, de Mendoza.

Esa tarde de 1966, en Del Bono, no apareció el "Vaquero" Barrionuevo con la cinco. Había un nuevo jugador, que, recomendado por el "Achita de mano" Chirino, venía de Santa Lucía. José Lahora se llamaba. Me extrañó el apellido, pero pronto me acostumbraría a él. Ávila, Vidable y Chirino, Molina, Lahora y Balmaceda, fue la nueva conformación del equipo, entre defensa y mediocampo. Y el "Negrito" Lahora fue ganándose la confianza y el respeto de todos. No era fácil reemplazar a Barrionuevo, un jugador exquisito, y que había venido de Sportivo Desamparados. Pero Lahora, joven aún, de unos 20 años, se hizo un lugar rápido en el cariño y consideración de la tribuna. También jugo de back central, derecho o izquierdo. En todos lados jugaba bien. Con su amigo de la infancia, Hugo Ramírez, repasamos algunas cosas de "Pechito", tal era su apodo. Se criaron en la calle conocida como "de los trapitos" en Santa Lucía.

Desde chico, Lahora jugó al fútbol como también al básquet. Fue jugador de Palermo y llegó a la primera junto a los hermanos Moreno, el "Chichi" Zavatarelli, y otros. En fútbol, aparte de jugar para un club de barrio, "La luz del mundo", se federó en Atlético Santa Lucía y allí captó la atención de Chirino, que ya jugaba en Del Bono, y de don Ávila, que era el masajista y del "Gato" Riveros, que era el técnico. 

En la entidad bodeguera lo probaron para el puesto que pronto dejaría Barrionuevo, junto con el pocitano Quinteros. Quedó Lahora y ahí comenzó una carrera corta, ya que pasados apenas dos años, sus kilates ganaron la consideración de San Martín. Los verdinegros compraron su pase y allí también brilló. Entonces vino el torneo Regional de 1968, clasificatorio para el Nacional, y San Martín jugó dos partidos definitorios con Independiente Rivadavia de Mendoza.

En el primero, jugado acá, perdieron 4 a 1 en una tarde para el olvido. Para la revancha, en Mendoza, aunque con pocas chances, San Martín hizo algunos cambios e ingresó Julio González, como marcador central. Ganó San Martín 1 a 0, con gol de González, y aunque no clasificó, jugó un gran partido.

De inmediato, los "azules" mendocinos se llevaron a González y Lahora, quienes tuvieron una gran temporada en su nuevo club. Tan grande fue el lugar que Lahora se ganó, que pronto lo vinieron a ver de Las Palmas, de España, con ánimo de comprarlo.

Me cuenta Ramírez, que siempre se corría hasta Mendoza para verlo jugar, que en medio de un partido, Lahora tuvo un alerta. Se descompensó en la cancha, pero se recuperó y pidió seguir jugando. Llegaron los de Las Palmas y le hicieron la inevitable revisación médica. Y ahí saltó el diagnóstico fatal, cáncer en uno de sus testículos.

Dicen que fue un pelotazo lo que desató la enfermedad. Lo cierto es que Lahora, con unos 25 años, falleció poco después y dejó una huella, corta pero profunda, entre quienes le conocieron sus dotes como jugador y persona. Por la esquina colorada se lo recuerda con admiración y respeto.

 

Orlando Navarro
Periodista