Para no caer en la trampa de las noticias falsas es necesario corroborar la fuente de información.

 

Que a partir de no sé qué hora de la noche hay que permanecer en casa y cerrar puertas y ventanas porque cinco helicópteros de la Fuerza Aérea pulverizarán desinfectante. Que dos personas que residen en Angaco dieron positivo al test, una de ellas un boliviano que se contagió en Chile. Que un infectólogo de no sé dónde y especialista en no sé qué dice que apenas nos despertamos hay que mantener la respiración diez segundos para saber si estamos infectados. Que equis persona que trabaja en el Hospital Rawson jura que hay un caso confirmado "con el 99,9%” y que las autoridades no lo dicen porque lo quieren ocultar. Que Gendarmería va a salir a las calles con "otra” actitud. Que "Laila Ahmadi”, estudiante de una universidad china, sugiere que beber agua tibia con rodajas de limón sirve para curarse. Y hay más, mucho más. La lista de los "qué” podría cubrir toda esta página o incluso más. Se trata de noticias falsas (fake news, como está de moda llamarlas) sobre el coronavirus (Covid-19) que circulan por las redes y que no hacen otra cosa que dar cuenta de la estupidez humana. La ola se propaga con facilidad y en cuestión de segundos los malignos mensajes que atentan contra la tranquilidad de la población llegan a millones de celulares o computadoras.

Hago un esfuerzo para creer que aquellos que las comparten son meros inocentes que no les da la cabeza para procesar la información y darse cuenta que están frente a datos inciertos. El problema es que al replicar esos mensajes, sea o no con mala intención, no sólo alimentan la desinformación, sino que alarman y aportan a una psicosis social difícil de detener. A veces sólo basta con apelar al sentido común para detectar estas fake news. Frenemos esto.

Por Federico Frías
Periodista