Señor director:
Si bien son notorios los avances que se han producido en los últimos años en la inclusión social de las personas con capacidades especiales, es conveniente seguir trabajando en ese sentido, ya que siempre se puede avanzar un poco más en busca de mejorar la calidad de vida de ese sector de la sociedad.
Especialistas en temas vinculados con las capacidades especiales de las personas aseguran que la exclusión o la inclusión de discapacitados es, desde un inicio, un acto social. Por eso, pensar en la inclusión social de este sector es necesariamente pensar en una sociedad incluyente, en donde todos los actores, con o sin discapacidad son protagonistas y gestores de un modelo social determinado.
Las consecuencias funcionales y emocionales de una discapacidad no siempre son propias de la discapacidad en sí misma, sino de la respuesta que el ambiente le da; del vínculo que se genera con las personas discapacitadas o de las intervenciones que tienen lugar en cada ámbito.
El apoyo que se ofrece dentro del proceso de inclusión, es un puente que se establece entre las capacidades y las limitaciones de una persona y una comunidad, para alcanzar los objetivos relevantes para esa persona y esa comunidad. No es lo mismo dar ayuda, que recibir tratamiento o hacer lo que es correcto. Los apoyos son acciones inclusivas, planificadas, personalizadas y evaluadas.
El apoyo como recurso y estrategia genera, entre otros objetivos, una mayor participación en una sociedad interdependiente y habilita a la persona discapacitada honrando sus elecciones y respetando sus decisiones.
El caso de Alan Rodríguez, el joven porteño de 22 años, con síndrome de Down, que finalmente obtuvo su título secundario, es un claro ejemplo de lo que significa la inclusión en el ámbito educativo. El fallo judicial que ordenó la entrega del certificado correspondiente, ante la negativa de las autoridades de la escuela a la que había concurrido, se basó en la Convención sobre los derechos de personas con discapacidades, que dispone que se apliquen los principios de igualdad sin distinguir situaciones de capacidad plena o restringida.
El régimen de apoyos a las personas con necesidades especiales que prevé el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación apunta favorablemente en esa dirección. En el caso de Rodríguez, el primer apoyo debió provenir precisamente de la autoridad escolar, a fin de promover un nivel de educación inclusiva mayor.
También es destacable el avance que hubo en el ámbito deportivo, con una serie de actividades inclusivas para personas con capacidades especiales, como fueron los Juegos Paralímpico, realizados en Río de Janeiro, Brasil, y en el ámbito local, los últimos Juegos Evita, en los que se dio la posibilidad de participar a muchos chicos discapacitados.
Son numerosos los testimonios de profesores y alumnos que señalan lo beneficioso que resulta esta integración.
El deporte es una herramienta fundamental en la vida de cualquier persona, pero especialmente lo es en aquellas que tienen algún tipo de discapacidad. Como sociedad debemos inculcarnos la tarea de difundir, integrar y alentar tanto este tipo de actividades, como a las personas que las realizan.
