Señor director:
Toda persona tiene su propio pasado. Si reflexionamos sobre el mismo comprobaremos que hay muchos detalles que apenas podemos recordar. Así más de uno dice de forma lapidaria: “Lo que pasó se olvida”. Pero puesto que ninguna energía se pierde, ¿dónde están entonces las energías, por ejemplo nuestros sentimientos, sensaciones, pensamientos, palabras, todo lo positivo y negativo de nuestra vida, también nuestras costumbres, es decir, todos nuestros esquemas de comportamiento, todo aquello que incluimos bajo la categoría de “olvidado” o de “lo pasado”?
Frecuentemente desechamos o consideramos una nimiedad el hecho de si las personas a las que hemos ofendido o incluso perjudicado nos han perdonado o no, o si tal vez aún sufren por ello. Sin embargo, lo que no está superado, ni perdonado, sigue existiendo.
Jesús de Nazaret enseñó a los seres humanos de todas las generaciones lo siguiente: “Haz enseguida las paces con tu adversario mientras vayas con él por el camino, no sea que tu adversario te entrega al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel”.
De la publicación: “El camino del olvido”
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