Señor director:

Esta carta se la dedico con todo cariño para mi maestra de primer grado de la escuela "Ernesto Bavio", del año 1964. Siempre estás presente en mi vida, cada vez que abro el baúl de los recuerdos apareces allí, con tu tez blanca y tu pelo negro, de mediana estatura y un guardapolvo blanco envolviéndote como un regalo, cual si fuera cofre lleno de amor.

Recuerdo el primer día de clases. Tenía tanto miendo que me senté en el primer banco, al lado de la puerta… por las dudas si me ganaba el llanto salía corriendo al aula de mi hermana para que me salvara. Ella me traía de vuelta al grado. Me recibías con tanto amor que terminaste por convencerme de que me quedara. Fue de tu mano que comencé a caminar por aquel sendero de letras y palotes de colores. Ante mí había un camino árido y lleno de incógnitas, pero junto a ti, pisoteando mi ignorancia fuimos dejando una huella de conocimiento y saber. Era maravilloso desgranar juntos los terrones de mi inocencia.

Un negro pizarrón te desafiaba ante la mirada temerosa de tus alumnos. Pero tomando la tiza entre tus dedos, no había cuenta ni problema que te ganara la batalla. ¡Qué maravilla! ¡Qué sabia eras, señorita Florencia! Mucho te admiro todavía. Como un labrador abriendo la tierra, sembraste en nuestras mentes las semillas del saber. Hoy dieron sus frutos, el camino está hecho. ¡Gracias, señorita Florencia Aguiar!