
Está jugando tan bien el seleccionado nacional, que todos nos ilusionamos con que pueda ganar el próximo Mundial de Catar. ¿Será también, el último mundial de Messi? Quién sabe. En los programas de fútbol o en las charlas de café, pareciera que las mejores figuraciones de Argentina han sido aquella de 1978, en River, donde nuestro equipo fue campeón, luego el campeonato de México ’86, y los subcampeonatos de Italia ’90 y Brasil 2014. Y no olvidamos el subcampeonato en el primer mundial de la historia, que se jugó en Montevideo en 1930. Llegaron a la final uruguayos y argentinos, imponiéndose los charrúas por 4 a 2.
En este campeonato fue figura, y goleador, Guillermo Stábile, quien marcó 8 goles en 4 partidos. Algo excepcional. Después, Stábile fue por largos periodos director técnico de los seleccionados nacionales, desde la década del ’40, ’50 y hasta 1961. En ese periodo ganó 6 copas América, y un Panamericano. Algo difícil de igualar.
De lo que yo recuerdo, tenía 10 años, fue el Sudamericano de 1957 en Perú. Un equipo extraordinario el de Argentina, con aquel famoso trío de Maschio, Angelillo y Sívori, que inmediatamente fueron vendidos al fútbol italiano, por cifras millonarias para la época.
En ese sudamericano, Argentina le ganó 3 a 0 a Brasil, que al año siguiente se clasificaría campeón mundial en Suecia. Una señal elocuente del poderío de aquel equipo argentino. Pero hubo otra figura en el Mundial de 1930, y no fue un jugador. Me refiero a Carlos Gardel, por entonces en la cima de su fama, a quien "tironeaban" argentinos y uruguayos, pues a ambas orillas del Plata se decía que Gardel les pertenecía.
Cuentan los historiadores que Gardel, con amigos en ambos países, trató de mediar frente al encono que existía entre los jugadores de esas selecciones. Se tenían rencor a partir de los Juegos Olímpicos de Ámsterdam, en 1928, cuya final la jugaron los rioplatenses. Ganó Uruguay 2 a 1, pero se puso tanta pierna fuerte que los resquemores se avivaron cuando los mismos equipos llegaron a la final del primer mundial, que se jugó en el mítico "Centenario", construido con motivo de ese campeonato.
Hubo amenazas de jugadores e hinchas hacia los argentinos, por lo que Gardel trató de intermediar, cantándole a las dos selecciones. Se dice que "con el corazón dividido", cumplió el "Morocho del Abasto" con ese propósito, yendo a cantar al lugar donde concentraban los equipos. Esa actuación fue destacada por los diarios de la época y Gardel, haciendo gala de una presunta neutralidad, no fue a ver la final que, como expreso más arriba, ganaron los uruguayos. Historias de tango y fútbol, pasiones íntimamente ligadas al corazón de los argentinos.
Por Orlando Navarro
Periodista
