Señor director:
La falta de educación de un gran sector social constituye un indicador que preocupa en este presente. Hay una crisis en este sentido, y lo peor es que pasa inadvertido, al punto tal de haber naturalizado la irrespetuosidad al prójimo. El problema de la Argentina no es sólo económico, político, sanitario. Es la pésima formación de muchísima gente que no entiende de buenos modales, amabilidad, educación. Y un pueblo sin óptima educación de quienes lo habitan, no tiene esperanzas de un mejor futuro. No importa el dinero, lo material, amasar fortuna. Importa la constitución de un ser que se destaca por su integridad en cualquier circunstancia de la vida. Es increíble que no haya una toma de conciencia sobre las actitudes que imprimimos cuando nos comunicamos con los semejantes, cuando nos vinculamos con amigos, allegados, familiares y otros seres. Muchas veces, en la vida de relación dejamos entrever la falta de cordialidad, la pobreza de las expresiones verbales sin reparar en estos importantes aspectos de las personas. Quizás haya que rever y repensar ciertas cuestiones de la infancia, lo experimentado años atrás, para darse cuenta del comportamiento luego en la edad adulta. Por eso es fundamental la labor de los padres, quienes deben brindar una ejemplar formación y educación a los chicos y adolescentes.
Marcelo Malvestitti
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