Señor director:
El país contiene a personajes afectos a travestismos políticos, analistas y encuestadores de dudosa imparcialidad. También, algunos periodistas porteños de bajo calibre, pretenden que las enfermedades políticas desarrolladas durante décadas, se curen en menos de veinte meses, con idilio social incluido. Son los clásicos vendedores de la ¡felicidad! ¿gratuita?. Sus mensajes nocivos pueden demorar la recuperación deseada. Sin los códigos que dan valores a las profesiones, muestran su falta de profesionalidad. Son los agujeros negros de nuestra sociedad, que quitan energía para salir cuanto antes de la oscuridad que producen gobernantes sin escrúpulos morales, corruptos, intolerantes e incapaces.
