Señor director: 
Mi abuela, la "Nacha” era como la abeja reina. No exagero en la comparación, ya verán por qué. Ella vivía en Rodeo, Iglesia, pero una vez al mes venía a la ciudad, por lo tanto había preparativos por parte de ella y por parte de los hijos en la Capital sanjuanina. 

Ella, como ya les conté, amasaba, preparaba dulces, armaba tabletas, hacía quesillos y cuando tenía todo listo preparaba un paquetito para cada uno de sus hijos. Imagínense, eran dieciséis, no sé como hacía, pero ella cumplía. 

En la ciudad, cada hijo/a con su respectiva familia se peleaba sanamente por recibirla, entonces ella iba un mediodía o un día a cada casa, entregaba lo que ella traía y cada hija/o le retribuía con regalos. Además, se fijaba un domicilio, en general era siempre la casa más grande, donde se reunían el domingo a almorzar y degustar de sus ricas empanadas. 

Y no se imaginan lo que era un cumpleaños de doña Nacha. Ella traía algún animal carneado, se lo aliñaba para asarlo en el horno de barro acompañado siempre de sus exquisitas empanadas. Se tomaba un buen vino y se guitarreaba, se bailaban cuecas, gatos, chacareras. 

La familia se reunía y se pasaban hermosos momentos. Se dividían el grupo de los grandes y el grupo de los chicos. Otras veces era al contrario, mi abuela carneaba chanchos, entonces se organizaban los hombres y se iban unos días antes a carnear el animal y las mujeres y los niños un día después para ayudar a llenar las tripas con el material de la morcilla o del chorizo. Se dejaba en sal los jamones, y las pancetas. Se guardaba la grasa para hacer pan o tabletas. Se utilizaba todo lo del animal. Una vez terminada la tarea venía el festejo: corderos, chivos, empanadas vino y guitarras. 

Fue en una de esas reuniones que nació la zamba "vamo pa’l rancho de la Nacha”. Se bailaba, se cantaba y todo era alegría. Cuando la reina murió, todo terminó. Ya nunca más se reunieron todos para festejar, y eso que son muchos los hermanos. Sólo las familias se ven cuando alguno está enfermo ó a fallecido. Pero queda la enseñanza de doña Nacha: "En la familia debe haber unión. Sin unión no hay alegría. Sin alegría no hay familia. Permanezcan siempre unidos que yo desde arriba los estoy cuidando”.