Señor director:
Cuando nuestro papa Francisco asumió, el primer viaje lo realizó a Lampeduza, pues advirtió la terrible situación que vivían los expulsados de su tierra por la llamada "primavera árabe”, que no era otra cosa que invadir a sangre y fuego a libios y otros pueblos africanos para quedarse con su petróleo y las riquezas de estos. Ese hecho me bastó para convencerme que se trataba de un gran Papa, asistiendo a los más desamparados, a los más pobres de toda pobreza. Algunas personas que se dicen muy católicas lo llaman "Papa comunista”, lo que demuestra una ignorancia supina de lo que son los jesuitas y su historia de realizaciones. Obviamente que el cardenal Jorge Bergoglio eligió el nombre Francisco para ser el primer servidor. Con esa sonrisa que lo caracteriza y ese don de escuchar, hablar poco y hacer mucho. Varias naciones saben la incansable labor en favor de los pueblos y en contra de las guerras. Colombianos, cubanos, norteamericanos han vivido lo que es la valentía y el fervor para acercar posiciones que se tenían como irreconciliables.
Cuatro años trabajando sin cesar por la paz en el mundo de tantos ejemplos uno de los últimos fue las felicitaciones a los presidentes de las dos Corea, por su disposición de terminar la guerra y colaborar entre sí. No debemos olvidar su intervención por la paz de Colombia en su guerra fratricida. Cómo no va pedir que recemos por él. Es lo mínimo que debemos hacer por este gran hombre, que nunca se olvidó de sus raíces, que viaja con pasaporte argentino, siendo la máxima autoridad del Estado Vaticano.
Su humildad y servicio lo colocan como el hombre de la Argentina y es una felicidad que sea nuestro compatriota Francisco. Gran Trabajador, gracias por iluminarnos el camino a Dios.
