Señor director:

"Quien ama al pueblo no busca posicionarse económicamente en el poder”. Es la sentencia que caracteriza en estos tiempos al político que pretende atornillarse como funcionario público sin el aditamento de verdaderos proyectos que concursó, teniendo al ciudadano común como medio para lograr sus objetivos. Nada más deshonesto y de total falta de ética. El político, debe llegar a prueba de sus proyectos ante el ciudadano que le da el voto y no por el simple arrastre de una ideología, cara bonita o utilizando el dinero del pueblo. Debe ser austero y ser elegido por méritos, lo que significa que debe tener una vasta trayectoria. Hoy la puja pasa por votar por arrastre. Este fenómeno soslaya la voluntad del soberano, el pueblo, quien no conoce proyectos en carpeta y a quienes se les "toma el pelo” con arreglos a lo que ve sin dar soluciones a las cuestiones de fondo. Esto no debe ser entendido como ignorancia de una comunidad que tiene la obligación de votar y exigir. Es que el ciudadano está cansado de oportunismos desmedidos por quienes aprovechando las circunstancias o el poder, quieren perpetuarse indefinidamente en un cargo político utilizando una doctrina o pensamiento que tapa su verdadera esencia, carácter y personalidad. Ni la juventud, ni la adultez de un candidato son la garantía, sino su palabra y sus hechos de trayectoria. El ciudadano debe ser en estos momentos inteligente y no dejarse llevar por imágenes que aparentan lo ideal. Debe observar a quien con sacrificio no espera los treinta días de campaña sino que viene trabajando por décadas en favor del vecino y su progreso. La discrepancia política del ciudadano, no debe ser una contradicción o un simple ajuste a su pensamiento cómodo, sino crítico de su visión y análisis de futuro.

Mario Correa D’Amico
Profesor, filósofo, pedagogo