Señor director:

Recientemente, el escultor español Juan Manuel Miñarro, ha confeccionado una imagen religiosa: el Cristo Sindónico (Elemento creado por acción divina. No hecho por la mano del hombre o la naturaleza), que recibe este nombre por ser una representación escultórica de los datos que ha obtenido a partir de la Sábana Santa de Turín. Iconográficamente, se trata de un Cristo Muerto en la Cruz, con tres clavos, en las muñecas (no en las palmas),y en los pies, sin subpedáneo (pequeño apoyo para los pies), y corona de espinas en forma de casquete (no como un aro). Además de ser más exacto médica e históricamente, coincide con las heridas que presenta el Hombre de la Sábana Santa (foto), al igual que el sinfín de hematomas y golpes que reflejan en toda su crudeza los sufrimientos de la Pasión. Esto, junto a muchos otros detalles, hacen que esta talla sea, en una palabra, impresionantemente cercana a la realidad de lo sucedido. Las heridas que refleja el Cristo Sindónico concuerdan perfectamente con los datos históricos sobre la Pasión relatada en los Evangelios, y con la profusa información que la Sábana de Turín ha revelado al detalle. En efecto, la Santa Síndone es sin duda la reliquia más importante del cristianismo, y la más estudiada, ya que ha sido objeto de más de mil investigaciones científicas de las más diversas especialidades y le han tomado más de 32.000 fotografías. Según la tradición es la "sábana limpia” (Mt 27,57-60) que "un hombre rico de Arimatea, llamado José, compró para amortajar el cuerpo de Jesús tras morir en la Cruz. El estudio fue publicado en la revista científica PlosOne bajo el nombre "Nueva evidencia biológica de los estudios de resolución atómica en la Sábana de Turín", y se basó en pruebas experimentales de estudios de resolución atómica y estudios médicos recientes sobre pacientes que sufrieron múltiples actos de trauma y tortura. Hoy, Sábado Santo, se llevará a cabo una ostensión extraordinaria de la Sábana Santa que será transmitida para todo el mundo vía redes sociales.

Por Ricardo Sánchez Recio
Lic. en Bioquímica, profesor
Orientador Familiar