Señor director:
En el cuerpo del mensaje que el Papa nos dirigía para la Cuaresma, Francisco sugiere varios puntos de reflexión, ordenados alrededor de tres puntos que me parece importante recordarlos.
1. La redención de la creación: vivir como hijos de Dios -esto es, como personas redimidas que se dejan llevar por el Espíritu Santo (cf. Rm 8,14)-, "beneficia también a la creación, cooperando en su redención". No ignora el pontífice el gran contrapunto, agudizado quizá en los tiempos que corren: "La armonía generada por la redención está amenazada, hoy y siempre, por la fuerza negativa del pecado y de la muerte".
2. La fuerza destructiva del pecado: "Efectivamente, cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas -y también hacia nosotros mismos-, al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca". No es necesario detenerse a describir consecuencias que están en la mente de todos, tanto en el plano personal como respecto de los demás, la sociedad y el planeta enteros: prepotencias, avidez, búsqueda inmoderada del placer, indiferencia hacia el prójimo, explotación ilimitada de las personas y de la creación. Pero el cristiano no desespera, porque tiene a su disposición recursos ilimitados, especialmente la capacidad de perdón, ignorada a mi juicio por las religiones de cuño oriental o las conocidas vulgarmente como "del libro". Lo resume el papa en el tercer punto de reflexión:
3. La fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón: el camino hacia la Pascua llama "a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual.
Jesús Martínez DNI 71.246.596
