Señor director:
Todas las verdades cristianas tienen una profunda relación con Jesucristo, puesto que es el centro del Catecismo y de la vida cristiana: creemos en Cristo y en lo que nos ha enseñado; le “tocamos” en los Sacramentos recibidos dignamente; con el impulso de la gracia somos capaces de vivir en cristiano, aunque nos cueste; y mediante la oración dialogamos con Jesucristo, el Padre y el Espíritu Santo. Así aprendemos que la vida cristiana no es autocomplacencia del hombre, sino fiel acogida de la salvación que Dios ofrece haciéndonos hijos suyos en Cristo. Sin embargo, algunos confunden hoy la auténtica espiritualidad con un sentimiento ecológico convirtiendo la naturaleza en algo animista sin trascendencia que sustituye al Dios real. Entonces esa “religión” carece de contenidos de fe concretos, apenas incluye obligaciones morales y se apoya en las solas fuerzas humanas: es una elaboración de los hombres para los hombres. En cambio, el cristianismo es religión revelada por Dios personal, Uno y Trino, en la persona divina de Jesucristo, que enseña verdades bien determinadas contenidas en el Credo, concede la gracia eficazmente mediante los sacramentos como prolongación de la Humanidad santísima de Señor, y solicita nuestra libertad para cumplir fielmente los mandamientos de Dios.
Es una buena ocasión para comprobar que lo tenemos en casa y reconocer si lo consultamos para tener claridad sobre Dios y sus misterios, sobre la persona humana y su misión en el mundo actual, y sobre la rectitud moral con una conciencia bien formada.
