Esta noche me convocan unos rostros, los de esta foto, en los cuales nos mirábamos en nuestra niñez, ávidos de olfatear cómo los más grandes ejercían el arte de vivir, para lo cual nos estábamos preparando. Con la ñata pegada al vidrio de cualquiera de aquellos bares, de profundas vivencias y recónditos secretos. Como éste, donde se los ve, en lo de “don Escobar”, dándole al taco y la tiza. Los recuerdos que trae, son como una sobreimpresión del pasado,y desde la foto el cerebro recibe la señal de que ellos tendrán siempre 20 años. Desde la izquierda, el “Gato” Neira, Squillán, Pedrito Pelegrina, Tulio Montivero, César González, “Chiquito” Speso, el “Pito” Villalba, el “Escofina” Riofrío, el “Yayo” Arancibia y el “Golo” Tapia. No es por azar que se vienen los recuerdos en tropel sobre mi memoria. Es gracias a uno de ellos, el “Golo”, que entre mis dedos se escurren varias tomas fotográficas. Que él conserva y que, a lo mejor, desde algún cajón, este domingo lo llamaron para tomar un poco de luz y volver a animarse y derrochar juventud. Como en aquellos tiempos, cuando la vida transcurría feliz y despreocupada.

Aquí el testimonio del “Golo”, que tiene por costumbre tomar lápiz y papel para desmadejar esta prosa tan sencilla y emotiva.

“Así es. Son tantos recuerdos que me llenan de emoción, que me brota la nostalgia del barrio más conocido de San Juan: “la Esquina Colorada”. Me pregunto siempre qué hermoso encanto recibí al pisar aquel vértice mítico, el punto “cero” de Cereceto y San Miguel. Pero hoy esquina estás rota, te llenaron de cráteres. Es como caminar la luna y no lo puedo entender. Me dicen que es el progreso. Pero yo te quiero como antes, mi barrio sin igual, querendón, humilde, trabajador. Estoy parado en la esquina y miro hacia todos lados. Me invaden los recuerdos. Veo a don Felipe Beirán, la “Chiquita” Pereira, el “Zorro” Villafañe. Sigo imaginando y lo encuentro a don Napoleón Quiroga, con una sonrisa en sus labios. Viejo querendón. Salgo de la farmacia y me encuentro con el queridísimo Aroca y su kiosco. La barra querida a su alrededor. A don Rubén, doña Margarita, la higuera que nos cobijaba todos los domingos, a las 12, comiendo sus empanadas y en cada sorbo de vino, risas y buena onda. Amigos de verdad, apóstoles de la amistad. No los nombro porque me puedo olvidar y sería injusto. Sigo mirando y mi imaginación vuela al pasado. La sirena de Cinzano, veo pasar sus obreros, todos de mameluco azul. Escucho también “la Germania”, o sea bodega “El Globo”. Siento en mi frente un sudor helado y es de tantos recuerdos imborrables. Escucho a don Espinoza gritando “¡sodero!”, la carretela del verdulero, la corneta del diariero, el pito del achurero, el lechero. Sigo soñando despierto. En las siestas, la corneta del heladero, el famoso “Velita”, chaqueta blanca y su triciclo al tono. Viejo y querido barrio, donde crecí. Tu encanto es como una religión, no se olvida, se cultiva, se venera. De tanto recordar me invade la emoción y unas lágrimas caen. Te quiero como antes, vieja Esquina Colorada. Te llevaré en el corazón y también en el cajón”.
Cumplido “Golo”.

Por Orlando Navarro – Periodista