Don Miguel Sugo esculpiendo la historia y el fotógrafo inmortalizándola en la imagen.

 

Uno nació en España, Sevilla, en 1915, el otro en Uruguay en 1913: los dos acompañados en sus vidas por el arte. Uno hizo de la fotografía su pasión, el otro de la escultura su expresión más perfecta. En paralelos de la vida, el arte hizo lo suyo y juntó las paralelas que desembocaron en 1948 en el nacer de una amistad que duró tan solo cuatro años. Uno casado, con una familia de seis hijos, el otro todavía soltero. El destino quiso llevarse muy joven al español, precisamente enredado en sus fotos por un accidente automovilístico, dejando un legado fotográfico único, que hasta hoy es admirado y muchas veces premiado. El otro, el uruguayo, el arte hecha escultura quien inmortalizó el momento del nacimiento de San Juan, con piedras de sus montañas y de sus paisajes, un extranjero que supo leer e interpretar la importancia del avance de los dos mundos, que cada 13 de junio, San Juan agradece. 

Don José Mazuelos F, y Don Miguel Ángel Sugo fueron amigos. El escultor, don Miguel Ángel, concretó una promesa de esculpir el rostro de su amigo, que recién en 1992 entregó la familia de José. El fotógrafo no llegó a darle esas fotografías que hoy duermen en negro celuloide esperando revivir la alegría de esos momentos en donde el escultor esculpía su estatua y que hizo el porqué de la amistad. Piedra y celuloide se mezclaron y sellaron una historia que San Juan y los sanjuaninos no podrán olvidar. A los dos, ¡muchas gracias!

 

Por Leopoldo Mazuelos Corts
DNI 5.543.908