
La muerte traicionera te vino de atrás y no te diste cuenta, "Kiko" Deusedas. Te han identificado, según la nota periodística, después del tremendo accidente que te provocó un auto sobre República del Líbano y Meglioli, y que te quitó la vida. 69 años, jubilado, pero más que eso, indican que eras de Del Bono y de la Esquina Colorada. A tu hija embarazada ibas a visitar, con el anhelo de todos los abuelos, por conocer la vida que habrá de suceder la nuestra. Para decirnos, que nuestra vida tuvo sentido. Es nuestra continuidad la que paren nuestros hijos, como un retorno constante al vientre materno, para nacer de nuevo en la sucesión infinita de los días. Domingo a la noche. ¿Qué te agarro el deseo de salir a esa hora, si no la premura de ver cómo crecía esa pancita? Siempre en tu bicicleta. Tenaz andante de la San Miguel, la Cereceto, la Centenario, la calle "del medio". Tus lugares y nuestros lugares. Conversador de tantas mañanas, largas tardes y extensas noches, sobre todo después que te vino este tiempo de desensillar que llaman jubilación. Y allí, te solíamos ver en animosa tertulia con el "Lito" Páez, el "Cholo" Gómez, el Salinas, de la vieja guardia bodeguera, ocupando el lugar donde otrora estaban el canal, las veredas del cine, la farmacia, y el kiosco del Aroca. Puesto allí como un faro convocante para la charla que se renueva como agua de manantial, porque hay mucho para rescatar de ese pasado común, que cobija a los habitantes de la barriada. Tu muerte, cruel, vida arrebatada de atrás, me hizo recordar la del "Conejo" Quiroga. Claro que esto fue hace muchos años. Andaríamos por los 13 o 14, y estábamos practicando básquet en la cancha de Del Bono, bajo la batuta del "Negro" Arturo, que nos enseñaba los secretos de este deporte. Y nos llegó de improviso la noticia. Impactante y lacerante. A esa edad, uno todavía no espera el asalto de la muerte. No está en los planes, porque queda mucha vida por delante. "Lo mataron al Conejo", dijo alguien con la voz entrecortada y reseca. Inmediatamente nos fuimos hasta su casa, que está todavía a 50 metros del club, sobre Centenario. El "Panza", su hermano, lloraba desconsoladamente y de la boca desencajada del Rodolfo Crubellier, que lo acompañaba con su bicicleta, conocimos los detalles. "Fue un camión, por la Cereceto y Ameghino". Y, luego de tantos años, al menor de los Deucedas, la misma suerte. Hermano del "Poroto" y el "Cacho", era componente de una de las familias tradicionales de la Esquina Colorada, de la barriada "Villa Rodríguez Pinto". Ese nieto, o nieta, que está por nacer, sabrá que su abuelo murió en el intento de ir a ver cómo crecía en la panza de su mamá. Y acariciar esa vida que venía, sin sospechar que sería inminente, en continuidad de la suya. Ha muerto uno de los nuestros, la esquina se hizo silencio, y serán ahora tres, los que sigan aquel rosario de conversaciones a la vera del canal.
Orlando Navarro
Periodista
Rodolfo Crubellier
Ilustración
