Señor director:

Ningún ser humano sabe cuándo llegará su última hora. Tal vez mañana tras la muerte hayamos pasado al estado de las almas: hoy nos llamamos seres humanos y mañana almas. Y probablemente como alma nos conoceremos tan poco como nos hemos conocido siendo seres humanos, pues la mayoría de personas viven dejando pasar los días cultivando su ego y quizás sus programas de adicciones. Todo esto, en una época en la cual, la oferta de adicciones es cada vez mayor.

Muchas personas, sin embargo, no saben o no quieren saber qué actúa detrás de su conducta mundana e instintiva. Apenas son conscientes de quiénes son realmente. De hecho no se rinden cuentas a sí mismos, ni asumen la responsabilidad de lo que hacen o se abstienen de hacer. Lo que significa que con toda probabilidad tampoco se conocerán mañana siendo almas, ya que quien no se cuestiona sobre su vida, sobre su forma de pensar, hablar y obrar, se desconoce a sí mismo.

El estar aturdido en el egocentrismo y en otros programas de adicción puede durar largo tiempo.

Todo lo que hacemos y emitimos, lo transferimos a nuestra alma. Por eso apartémonos de todo lo innoble, de todo lo que nos presiona y de aquello que está en contra de cualquiera ética y moral elevadas. ¡No se deje seducir! Tengamos mucho cuidado con nuestro cuerpo y con nuestra alma, porque tal como somos hoy como seres humanos, podríamos ser mañana como almas, puesto que ningún ser humano conoce su última hora.