El primer año de gestión de Javier Milei será recordado por el paso de la motosierra que implicó un fuerte ajuste fiscal y monetario en el Estado que dejó un reguero de despidos en la administración pública tras el cierre de múltiples empresas y organismos. El objetivo de frenar el proceso inflacionario que se venía acelerando desde la administración de Alberto Fernández y Sergio Massa. También tuvo otros condimentos políticos y económicos de todo tipo que arrancó con una dramática relación con el Congreso que sigue en terreno negativo, hasta datos de la macroeconomía que de a poco fueron encarrilándose como la sostenida baja del precio del dólar y la inflación, aunque aún el crecimiento de la economía real es una deuda pendiente. En el medio, hubo un salto exponencial en la pobreza que en los primero meses llegó al 55% y hoy, según datos del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, bajó al 49,9% y se espera que siga bajando.

A poco de asumir, Milei dispuso de una devaluación que llevó el dólar oficial a $ 600 y el paralelo por encima de los $ 1.000. La tendencia fue creciente hasta mediados de julio cuando tocó los $ 1.500, momento en que el Gobierno decidió cerrar todas las canillas de emisión monetaria, incluso la que utilizaba para comprar dólares de la exportación. Parte de los dólares que adquiría en el mercado de cambio los vendería luego en el Contado con Liquidación (CCL) para reabsorber los pesos emitidos.

Así, llegó al piso de $ 1.050 en el mercado paralelo y a $ 1.076 en el MEP y $ 1.085 en el CCL. De esta forma, la cotización del dólar apunta a cerrar 2024 con una suba del orden de 9%, muy por debajo de la inflación que estará más cerca de 140%. El blue perdió $70 en noviembre y la brecha con el dólar oficial es casi inexistente: 3,4% frente al mayorista, y de 0,5% ante el minorista. Este escenario inédito también le permitió a Economía comprar más de 20.000 dólares para fortalecer las reservas del Banco Central.

Con la devaluación de diciembre de 2023 la inflación se disparó al 25,5% en ese período, que resultó el pico del proceso de posterior caída. En enero descendió a 20,6%, en febrero a 13,2%, en marzo a 11% y en abril comenzó a ser de un dígito con 8,8%. Ya en mayo se produjo otra fuerte caída a 4,2%, para luego seguir en descenso hasta ubicarse en el orden actual de 3%. Este proceso de desinflación también estuvo inducido por una fuerte recesión que alcanzó su piso entre marzo y abril, para luego comenzar una tenue recuperación, lejos de la “V” que pronosticaba el gobierno. De todas formas 2024 cerrará con una contracción de 3%.

Esta caída de la actividad, de la mano de la construcción y la industria, también estuvo asociada a la pérdida de poder adquisitivo de jubilaciones y salarios, a causa del proceso inflacionario y la suba de tarifas por quita de subsidios.

Este esquema de dólar en baja y ingresos recortados y freno de la actividad fueron la base del programa que le permite al gobierno entrar a 2025 con la expectativa de que la inflación no supere el 18%. Milei ya anticipó que si la inflación se estabiliza tres meses en 2,5%, reducirá el crawling peg al 1% y buscará de este modo darle el golpe final a la inflación.

Los datos anticipados sugieren que en noviembre y diciembre ese objetivo “estará peleado”.

En materia de deuda, durante 2025 Argentina deberá afrontar pagos con el FMI por U$S 3.000 millones divididos por partes iguales en ambos semestres. Por eso, negocia un nuevo acuerdo que refinancie todo el programa a más largo plazos y la inclusión de fondos frescos para financiar la salida del cepo. El desafío de 2025 será que los números macro finalmente bajen a la micro y se sienta en el bolsillo de la gente.

31.226 despidos
El jefe de Gabinete, Guillermo Francos, incluyó en su informe de gestión presentado ante el Senado la semana pasada que la cantidad de empleados que fueron desvinculados del Estado en los primeros 10 meses de la administración libertaria asciende a 31.226 personas.