La Conferencia Episcopal Argentina (CEA) dispone desde ayer, por primera vez en su historia, de una guía que precisa cómo deben proceder los obispos y las autoridades canónicas en ‘casos de denuncias de abusos sexuales en los que los acusados sean clérigos y las presuntas víctimas menores de edad’, elaborada en respuesta a una exhortación realizada en 2011 por el entonces papa Benedicto XVI.
El secretario general de la CEA, Carlos Malfa, fue el encargado de presentarla en el marco del curso ‘La Actuación de la Curia en los Delitos Cometidos por Clérigos y Religiosos’ que se desarrolla en la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Católica Argentina.
‘Hay que tener valentía y humildad, como reclama el papa Francisco, para pedir perdón‘, sostuvo Malfa al admitir que la Iglesia ‘ha socavado su credibilidad‘ por no haber actuado con firmeza ante las denuncias de abusos sexuales contra clérigos.
El protocolo para prevenir y actuar en casos de abusos sexuales perpetrados por obispos, sacerdotes o religiosos católicos tiene como objetivo ‘orientar a los obispos en los supuestos que deban intervenir, en sus respectivas jurisdicciones, por haber recibido noticias verosímiles de la comisión de alguno de los delitos aquí contemplados’, explicó Malfa.
El protocolo se divide en dos partes: la primera mitad se ocupa de la práctica jurídica basada en el Derecho Canónico, mientras que en la segunda se dan ‘orientaciones pastorales’ respecto al trato que debe dispensarse a víctimas y acusados, así como respecto a medidas preventivas que pueden adoptarse al interior de la Iglesia para evitar nuevos casos.
En materia jurídico canónico, las Líneas-Guía explican los distintos pasos del proceso que se desencadena en ese ámbito, cada vez que se recepta una denuncia de abuso sexual de un menor cometida por un clérigo. En cuanto a la relación con la Justicia secular, el texto aclara que ‘en el debido respeto a la autonomía de ambos ordenamientos jurídico-penales’, las autoridades canónicas ‘cooperarán con la autoridad judicial secular según corresponda’. El apartado ‘Orientaciones Pastorales’ especifica que ‘las víctimas presuntas o comprobadas de abusos sexuales y sus familias han de ser recibidas y escuchadas personalmente’ por las autoridades eclesiásticas, al tiempo que prescribe que los sacerdotes acusados deben ‘ser tratados con prudencia y caridad fraterna, siguiendo la normativa canónica y secular’.
Pero buena parte de esta sección está dedicada a las ‘medidas de prudencia’ que se deben adoptar para tornar seguros los ambientes frecuentados por menores y ‘eliminar toda circunstancia que induzca a sospechar de la integridad moral de los clérigos’.
‘Que un clérigo nunca ocupe la misma tienda de campaña con menores’, que ‘no permanezca a solas en recintos cerrados’ con ellos y que ‘sea advertido de la inconveniencia de expresiones de afecto que puedan ser malinterpretadas’, recomienda el texto.
En ese sentido, la guía postula que ‘una especial atención ha de ser dada a la selección de los aspirantes’ al sacerdocio y ‘muy particularmente habrá que evaluar la madurez afectiva de los candidatos’.
‘No hay que subestimar ninguna denuncia. Ninguna. De haber actuado así, nos hubiéramos ahorrado muchos problemas‘, dijo Malfa durante la presentación ante juristas y especialistas en Código de Derecho Canónico. Estimó que la aplicación de la guía de actuación servirá para proteger a los menores de edad y ‘ayudar a las víctimas a encontrar apoyo y reconciliación‘. El Episcopado dijo compartir la preocupación del Papa por este delito ‘aberrante‘ dentro de la Iglesia. Télam y DyN
