Para tener contacto con el secuestrador fue necesario tocar durante varios días el timbre de la vieja casa de los Ahmed en Parque Patricios. Nadie contestaba, aunque era evidente que había alguien ahí, según relatos del portal Infobae. Tampoco bastó con llamar al teléfono fijo. Una anciana del otro lado de la línea, una de sus hermanas, dijo varias veces a modo de evasiva que ‘José no está siempre acá‘, que ‘viene y va‘ y que ‘yo no tengo mucho que ver con él‘.
Una carta debajo de su puerta fue lo que logró su interés; eran unas pocas líneas con un teléfono de contacto, invitándolo a contar su historia, preguntándole si aceptaría reunirse con el hoy presidente.
Horas después de que la carta llegó a su puerta, era Ahmed en la línea, desde un número telefónico encriptado: ‘Buenas tardes, soy José Ahmed. Muy respetuosa su carta, señor. Voy a enmarcarla, como un grato recuerdo de esta última etapa de mi vida‘. Hoy, varios de los nombres clave en la trama alrededor del caso Macri no saben qué fue del hombre que fue condenado como uno de los cabecillas del secuestro. Algunos lo creían muerto.

