Buenos Aires, 13 de septiembre.- Eva Paole, la mujer de 72 años que fue reconocida como una de las herederas de un millonario hacendado de la pampa húmeda fallecido en 1983, se definió como una persona “humilde” y afirmó que su vida “no va a cambiar”.

Paole recibió este miércoles, tras trece años de reclamo, la confirmación judicial de que es hija de Rufino Otero, un poderoso hacendado que al morir dejó una fortuna cercana a los 30 millones de dólares.

“Ayer me dijeron que soy hija de Rufino Otero y estoy viviendo un momento feliz por un lado y triste por otro, porque he luchado trece años de mi vida ante la justicia”, declaró la mujer, que vive en General Acha, 100 kilómetros al sur de Santa Rosa.

“Mi madre nunca me contó nada de su vida, eran otros tiempos sabe?, cómo iba a imaginar esta vida para mí?, fue una novela con partes tristes, porque me dolió mucho saber que él (Otero) nunca quiso reconocerme”, dijo la mujer.

Paole vive en la ciudad de General Acha en una humilde vivienda, según contó, y explicó que se sostiene con dos pensiones que le “alcanzan para vivir”, una propia y la otra de su marido que falleció cuando tenía 39 años.

Desde ese momento Paole quedó sola al frente de una familia con tres hijos, uno de los cuales falleció recientemente, a los 54 años.

Su lucha comenzó hace trece años cuando involuntariamente se enteró de que era hija de Otero, un acaudalado productor de la zona, por un comentario que escuchó uno de sus hijos en un bar.

Desde ese momento viene reclamando ante la justicia la filiación y luego de ocho análisis de ADN, el cambio de tres jueces y hasta la profanación de la tumba del hacendado.

“Yo comencé a tener la firme idea que era la hija de Otero cuando se robaron el cuerpo en el cementerio”, señaló Eva, quien a partir de este fallo es la heredera de la mitad de una fortuna que se calcula en 30 millones de dólares.

Eva es hija de una relación oculta y nació cuando su madre, que era empleada doméstica en la casa de Otero, quedó embarazada del hacendado.

Nunca fue reconocida por Otero, que con el tiempo, se casó con una mujer de su misma posición económica con la que no tuvo hijos.

Rufino Otero fue un productor agropecuario y empresario de General Acha y en su vida construyó una gran fortuna, dejando a su muerte, en 1983, unas 57 mil hectáreas de campo, varios inmuebles, dos aviones y una cantidad de ganado que en ese momento estaban valuados en varios millones de dólares, fortuna que quedó en manos de su viuda, Elisa Arenaz, quien en 1991 se la donó a su sobrino Darío Sarosola.

La condición de Paole como hija del hacendado quedó demostrada a partir de un ADN realizado a los restos de la madre de Rufino Otero, ya que su cuerpo desapareció misteriosamente del cementerio de General Acha a poco de iniciarse el juicio de filiación.

“Yo soy una mujer sencilla, nunca pasé hambre pero tampoco nunca me sobró. Para sostenerme hice de todo: cosí, tuve huerta, cortaba el pelo y fui empleada doméstica. Ahora disfruto la vida de manera humilde, con mis hijos y nueve nietos y mi vida, no va a cambiar, esta soy yo y he sido feliz así”, concluyó la mujer.