Dos niños murieron ayer calcinados y otras personas resultaron heridas en un incendio que se produjo en un taller textil del barrio porteño de Flores, donde vecinos denunciaron que funcionaba en forma clandestina. El siniestro se produjo alrededor de las 9.20 en la vivienda de Páez 2796, donde los niños de 7 y 10 años vivían en condiciones infrahumanas en el subsuelo de la propiedad junto con sus padres, con puertas y ventanas bloqueadas, tapiadas y enrejadas.

‘Los dos niños varones fallecidos, aparentemente estaban durmiendo y no llegaron a salir de la vivienda‘, confirmó a la prensa el director del Sistema de Atención Médica de Emergencias (SAME), Alberto Crescenti, y agregó que el lugar era de ‘muy difícil acceso‘.

En este sentido, el jefe de Bomberos de la Policía Federal, Claudio Macchi, dijo que ‘las tareas de rescate fueron arduas debido a la gran cantidad de humo en el lugar. Hubo que romper las paredes para poder ventilar y llegar al subsuelo‘. ‘La familia vivía en ese subsuelo. Son los típicos talleres de la zona que funcionan en la planta baja y en el subsuelo la vivienda‘, precisó el jefe del operativo, y añadió: ‘por la posición en la que fueron encontrados los menores fallecidos, estaban dormidos‘. ‘Lamentablemente pudieron escapar los padres pero los niños no‘, sostuvo.

Fuentes policiales informaron a DyN que los padres de los niños fallecidos, de 41 y 45 años, sufrieron quemaduras superficiales y fueron trasladados para su atención al Hospital Alvarez. La tercera persona herida es un policía de la zona que acudió al lugar para ayudar en las tareas de rescate y sufrió principio de asfixia, por lo que también debió ser hospitalizado.

Vecinos de la vivienda siniestrada aseguraron que en el lugar funcionaba un taller textil clandestino, en el que vivían hacinadas varias personas con niños. ‘Funcionan clandestinamente, con ilegales y deplorables condiciones de trabajo‘, dijo una mujer en declaraciones al canal A24.

La mujer afirmó que ‘la fachada estaba toda tapiada. El único lugar de ingreso es una puerta y aparentemente sólo unos pocos tienen la llave. Se la van pasando entre ellos para poder salir. Están hacinados y encerrados‘. ‘Confeccionan ropa, almacenan telas. Acá se cose toda la ropa que después se vende en negro en Avellaneda. En el lugar vivían varias personas. Conviven todos juntos en una misma habitación‘, precisó.