El papa Francisco puso ayer en manos de la Virgen de Luján, patrona de Argentina, ‘todas las alegrías y preocupaciones de los argentinos‘.

En la festividad de la patrona de Argentina, que se celebró ayer, el papa Jorge Bergoglio -devoto de la Virgen- la recordó durante la audiencia pública de ayer en la mañana en San Pedro, donde una imagen de Nuestra Señora de Luján presidió la ceremonia, a la que asistieron unas 80 mil personas de todo el mundo.

‘En este día en el que se celebra Nuestra Señora de Luján, celestial Patrona de Argentina, deseo hacer llegar a todos los hijos de esas queridas tierras mi sincero afecto, a la vez que pongo en manos de la Santísima Virgen todas sus alegrías y preocupaciones. Muchas gracias‘, afirmó Bergoglio hablando en español.

Las palabras del Papa fueron recibidas con aplausos y ondear de numerosas banderas argentinas que portaban ciudadanos del país de procedencia del papa Francisco.

Antes de comenzar la audiencia, el Papa se acercó hasta la imagen de la Virgen de Luján, frente a la que depositó un ramo de flores blancas y tras rezar un momento, pasó la mano por la imagen y comenzó la audiencia. Cuando saludó en español recordó que ayer era la festividad de la Virgen de Luján, ‘celestial patrona de Argentina‘. ‘Un aplauso, un gran aplauso‘, pidió el Papa para la patrona argentina.

Sonriendo, con aspecto feliz, agregó -siempre hablando en español-: ‘Más fuerte, que no lo escucho‘, mientras se colocaba una mano en una oreja. Los presentes rompieron en un gran aplauso, que agradeció Francisco, gran devoto de la Virgen de Luján.

Antes de comenzar la catequesis, el papa Francisco recorrió la plaza de San Pedro en el papamóvil, en medio de los aplausos, vivas y ondear de banderas, de las decenas de miles de fieles presentes.

Como ya es habitual, en un ambiente de cordialidad y alegría, el papa Francisco, al que se le vio sonriente, feliz, besó a niños y enfermos y estrechó las manos de los fieles.

Luego, en su catequesis, dijo que el Espíritu Santo es el ‘agua viva‘ que Dios dona a los hombres para que tengan una vida ‘plena, justa y buena, una vida que no esté amenazada por la muerte‘, e insistió en que hay que escucharle, ‘ya que nos dice que Dios nos ama como un padre, siempre nos perdona‘.

Más tarde, Francisco participó de la asamblea plenaria de la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG), donde le habló 800 religiosas, pertenecientes a 1.900 órdenes. Ahí, el pontífice hizo referencia a el valor de la castidad en las religiosas, pero dijo que esa castidad debe ser ‘fecunda, una castidad que genere hijos espirituales para la Iglesia‘, y que las monjas deben ser ‘madres y no solteronas‘.

Francisco se refirió a la obediencia, la pobreza y la castidad, los tres votos de las religiosas, y afirmó que la obediencia es escuchar la voluntad de Dios.

‘La pobreza se aprende con los humildes, con los pobres, los enfermos y todos aquellos que están en las periferias existenciales de la vida. La pobreza teórica no nos sirve. La pobreza se aprende tocando la carne de Cristo pobre en los humildes, los pobres, los enfermos y los niños‘, afirmó.

Sobre la castidad dijo que es un carisma, ‘que amplía la libertad de la entrega a Dios y a los demás con la ternura, la misericordia y la cercanía a Cristo‘ y muestra como el afecto ‘tiene su lugar en la

libertad madura‘.